Los informes de la Vergüenza.

Negaron la realidad y ante la presión, solicitan a un tercero les represente la vergüenza. Piñera tuvo que tragarse el sapo y recibir de parte de José M. Vivanco, Director de Human Rights Watch (HRW), un lapidario informe; un par de semanas de trabajo fue suficiente para explicarle lo que sucede y tienen que hacer. Días antes, el ministro Blumel, negó haya solicitado Amnistía Internacional (AI) audiencia en el Ministerio del Interior, a él no le consta, como si el ministerio naciera con él.

En la lógica presidencialista, expresado en la semántica del discurso político, es el Gobierno del Presidente Sebastián Piñera. El orden, condición sine qua non para la generación de negocios y atracción de inversiones; todo lo demás es secundario. El presidente se preocupa fundamentalmente de esta variable, las otras ya no las controla y/o poco le deben importar. De ahí la prolífica creatividad del gobierno para decretar y tramitar proyectos de ley, para facilitar y fortalecer el accionar de policías y militares.

Al gobierno le ha brotado una compulsión ferviente en contra de toda crítica interna e incluso, si esta viene de organismos internacionales. Ante la evidencia, han tenido que variar su posición y discurso, no aún las decisiones que permitan superar la crisis.

El informe de HRW revela accionar policial fuera de control y protocolo, muertos y mutilados, abuso sexual y trato denigrante de los detenidos, sobre todo a mujeres y niñas, por lo que propone una profunda reforma en Carabineros. Por su parte, AI consigna violación sistemática a los DDHH por parte de la fuerza pública, muertos, heridos graves, personas con daños irreversibles, acción deliberada para dañar y castigar a los manifestantes, responsabilizando a la clase política. En contrario, el Director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), afirmó que las violaciones de DDHH no son sistemáticas, luego matiza sus dichos y acepta ser contradicho por quienes lo acusan de relativizarlas. La posición del gobierno era extrema, desconocer y basurear a quienes desde la sociedad civil hacían los planteamientos, negándoles toda veracidad y realismo. Con el informe de HRW se ven forzados a reconocer los hechos, se excusan en la no sistematicidad de las transgresiones, en que la justicia investigue los casos denunciados.

Desde la política negaron la agenda modernizadora, suponían los beneficios de la modernización capitalista tenía a todos, endeudados y pagando lo indecible, pero satisfechos; nada de angustias y frustraciones. También, en los hechos, negaron controlar a las FFAA y de Orden; Iturriaga y Rozas expresan esa doctrina. Gobierno cívico-militar, del orden y resguardo de la propiedad privada; en el libreto de Piñera, un perverso deja vu. José A. Kast al acecho, sueña una cruzada que trascienda a los rotos de la población que molestan en La Dehesa, el Chile Mestizo que describe Gabriel Salazar.

El movimiento social no da tregua, la agenda social en barbecho, sólo el acuerdo constituyente se instala como logro, pese a no estar claro los términos y su viabilidad. La falta de resolución política campea; los tiempos mejores, literalmente, se hicieron humo.

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