Del Profesor, ¿qué esperar de su desempeño?

Conversando de educación, un amigo preguntó, ante algunos cuestionamientos que proferí respecto de la docencia, ¿qué podemos esperar del desempeño de un profesor?. Respondí con lo que fue mi experiencia como estudiante y docente.

Si nos remitimos a la infancia y tratamos de recordar a nuestros profesores del ciclo primario, es probable que demos con uno o dos nombres, que fueron los que nos involucraron afectivamente en la experiencia escolar. Es relevante lo anterior, en tanto es una de las variables que determinan el desempeño y desarrollo de habilidades. Ahí está el valor de la relación docente-estudiante, que sustentada en respeto y consideración, es muy edificante; lo contrario, perjudicial para ambos.

Si la fuente para dar una respuesta es el discurso político, quien no ha planteado el valor del profesor y de la educación como herramientas para salir del subdesarrollo y otras máximas de ese calibre. El correlato del planteamiento y las decisiones políticas dicen otra cosa, más cuando no se analiza y cuestiona la relación ideológica del Estado con los docentes y de éstos, con su práctica pedagógica.

La pedagogía debiera ser de las profesiones más exigentes desde el punto de vista formativo y moral, para que la experiencia de aprender y enseñar resulte virtuosa. No pocas veces el profesor se ve distanciado de sus estudiantes, desafectado de lo que les ocurra en sus vidas. Mejorar la experiencia educativa, implica volver a sus fundamentos, los que tienen que ver con el ser y su existencia, no sólo desde el punto de vista de las ciencias educativas, sino del aporte desde otras instancias formativas, partiendo por casa.

La formación docente se adquiere institucionalmente, con recursos pedagógicos e intencionalidad; la carga valórica y compromiso cívico, que dan sentido a su acción, en múltiples ámbitos. Que el ejercicio de la docencia deje de ser jerárquica porque sí, que no sea llenar un vaso vacío, pasar materia sin considerar la pertinencia de lo enseñado. Necesitamos que la relación pedagógica se sostenga en respeto mutuo,  en reconocer que el aprendizaje es en ambos sentidos, que el profesor promueva el potencial de sus estudiantes, en cuanto a talentos e intereses; por sobre todo, se requiere humildad en quien enseña y curiosidad en quien aprende.

Paradójicamente la centralidad de la escolaridad pierde gravitación, se requiere como nunca reflexión y compromiso para ejercer la docencia, orientarla y fortalecerla; para sentir que se hace un aporte sustantivo a la libertad y desarrollo de las personas.  

Mejorar la valoración social del profesor requiere autocritica, esfuerzo personal e institucional. Satisfacer requerimientos formativos y expectativas sociales es el desafío.

En el día del profesor, un saludo fraterno para las y los profesionales de la educación.

Roberto Bravo Galleguillos.

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