Cuidar la ciudad

Coyhaique es una ciudad privilegiada pues nace entre el verde y el azul del paisaje patagón, brindando esa característica de valle, apreciada y admirada por muchos. Y aunque muchas personas demuestren su disconformidad respecto a la falta de un mall o atractivos que sí se pueden encontrar en otras ciudades, la calma y naturaleza que proyecta este bello lugar compensa y genera armonía en el día a día de sus habitantes. Ante esto, es más que conocido que el orgullo del patagón se impone al señalar que la ciudad debe obtener otras características, “más modernas” por ser capital regional, sin embargo, existe un doble discurso al respecto, pues vemos que cada vez que se impulsa una nueva iniciativa como alguna obra, o hasta a la más pequeña innovación, éstas siempre resultan dañadas.

Es entonces que surge la pregunta del millón ¿cómo puede ser que en una ciudad como Coyhaique no se respeten los espacios públicos? Y realmente, las respuestas ante las diversas situaciones, aún no se han escuchado ya que nadie se lanza la mochila a la espalda y mucho menos recoge el guante,  porque en este tema también es necesario decir que tanto comunidad como organismos pertinentes, han dejado a la suerte, el orden de esta importante ciudad. ¿Quién es entonces el responsable de que los cables anden sueltos y colgando en medio de las calles? ¿Quién se hace cargo de los rayados en las plazas? ¿Alguien dice algo sobre la basura que se bota al suelo o en los contenedores repletos? ¿Cómo se responde ante los “eventos” recurrentes en las calles? ¿Quién se pronuncia por destrozos de vidrios en viviendas y el nulo aseo de los paraderos? Son estos y muchos más los ejemplos de los que ya no nos podemos asombrar, pues ocurre en nuestra ciudad y son un mal ejemplo para nuestras futuras generaciones y ciertamente para el turista, y ante eso, los mismos hijos de esta tierra deben exigir a su misma comunidad y autoridades, el poder responder frente a este problema de malos hábitos en sociedad. La autoridad por no imponer normas, y la propia ciudadanía por no respetar el espacio de todos. Es necesario que el tema no pase por alto, porque cuando una ciudad pretende crecer, también se debe pensar en cada mínimo detalle que implica el proyectar una positiva imagen tanto para la propia comunidad, como para el que viene a visitar. El cuidado de Coyhaique y las demás ciudades depende de todos. Finalmente, ante esto, la misma comunidad debe hacer un mea culpa, pues las autoridades podrán gestionar miles de obras buenas, pero también se espera el considerable respeto por estos espacios compartidos.

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