Universidad de Aysén elige a su Rectora

Baldemar Carrasco M., Consejero Superior Universidad de Aysén

No voy a solicitar a  las y los señores académicos que elijan a una u otra candidata a rectora de la universidad. Soy miembro del consejo superior y, presidente del consejo electoral, sería una grosería de mi parte, solicitar a las y los señores académicos, insinuarles siquiera, algún nombre, ellos que han alcanzado el grado de doctores en sus especialidades y  dictan con sabiduría sus cátedras a los estudiantes de nuestra región, tienen, desde luego, la capacidad para pensar, reflexionar, intuir, meditar, comparar, extraer conclusiones, discernir, en suma, elegir a la persona con las mayores capacidades para conducir nuestra universidad, en los momentos que vivimos, con toda la problemática que ello implica y conlleva.

¿Por qué mi interés en el futuro inmediato de nuestra universidad? porque estoy ligado, unido, a la ineludible necesidad de contar con una universidad de calidad en nuestra tierra, desde hace más de sesenta años, tuve que emigrar de la región  para estudiar mi enseñanza secundaria. Luego, seguir fuera de la región, por otros seis años más, para ingresar a la universidad y estudiar pedagogía. Las cosas no eran como hoy, un día de viaje a Puerto Aysén a pie, a caballo, camión, como se podía, tres, cuatro días en un barquichuelo, con temporal o sin él, Puerto Aysén  a Puerto Montt dos días en tren desde Puerto Montt a Santiago, una semana de viaje, seis años de estudio, con  memoria,  práctica y el examen de grado.  Hacían lo mismo, otros hijos de esta tierra, cuyos padres, con mucho esfuerzo, podían financiar sus estudios. Cartas que demoraban quince días en llegar,  giros, dinero para cancelar la pensión y otros gastos una semana, teléfono, no había, recorriendo veinte o treinta pensiones cada año. ¿Becas? nadie sabía de ellas, no se conocían, una vez al año, cada dos volver  a nuestra tierra a ver a nuestra madre y familiares, así fue nuestra vida universitaria. Regresé a mi tierra, la política, la suerte nos acompañó, salimos electos diputados en  1965. En mi primer discurso en el parlamento planteando los problemas de la región, lo primero que dijimos fue “Una universidad para la provincia de Aysén, muchos se rieron, claro sólo existían la Universidad  de Chile, la Católica de Santiago y Valparaíso, la de Concepción y algunas otras, en formación. Estábamos conscientes del peso de una universidad en el desarrollo de una comunidad y su territorio, no logramos universidad pero pudimos tener una ley que nos permitió una beca completa para quienes querían continuar estudios: pasaje aéreo, y pensión completa. la llamamos: Beca Gabriela Mistral, que feneció  durante la dictadura, cuando le pusieron “Beca Primera Dama”…

No nos olvidamos de la universidad para nuestra tierra. El año 1990, de regreso a la democracia, cuando volvimos al congreso, lo primero que planteamos una vez más fue “una universidad” para nuestra tierra, lo dijimos, también, aquí, en la plaza de nuestra ciudad, en su aniversario, un 12 de octubre, de 1990, llamando a la comunidad a luchar por ella. Cuántas veces repetimos el discurso en la Cámara de Diputados, no sé…hasta que llegó el momento. La presidenta Bachellet envió el proyecto de ley al congreso año 2014 y se creó la Universidad de Aysén, la actual senadora, señora Ximena Órdenes, intendenta regional entonces, constituyó  una comisión  para  estudiar “La Universidad que Queríamos”, hablamos de calidad, de docencia, de investigación, de campus universitario, de académicos, de carreras, de becas, de vinculación con el medio, con otras universidades, con otros países. Nos visitaron infinidad de rectores, investigadores, académicos, especialistas, para “pensar nuestra universidad”, hasta que logramos diseñarla y escribir un texto con todo su contenido y su vinculación con nuestra comunidad y nuestra tierra. Que han existido problemas, sí ¿Qué obra de esta envergadura no los tiene? Pero empezamos a caminar, la burocracia, el centralismo, la tramitación, la incomprensión no hizo fácil el comienzo, pero la Universidad de Aysén camina con la esperanza viva de la comunidad en ella, emprendedora del futuro regional  y de la calidad humana de su población.

Que hay discrepancias, distintas apreciaciones en su devenir, que se puede hacer esto o lo otro, claro que las hay,  y las va a ver siempre y es bueno que las haya, nos permite reflexionar sobre ella, sobre su futuro, del debate emerge la luz, más luz requerimos todos los días, para alumbrar más y mejor a nuestra universidad. No tengo dudas que sus académicos, damas y varones, que tienen que asumir esta seria responsabilidad de elegir a su rectora, lo van a hacer, sólo pensando en la calidad de la universidad que debemos construir entre todos el talento, las capacidades, los conocimientos, las experiencias, la calidad humana que la universidad reclama para conducir su dirección, es lo único que debe estar presente en nuestras conciencias a la hora de decidir. En esta misión, no caben, no pueden caber, de parte de nadie, decisiones superfluas, actitudes mezquinas, venganzas odiosas. Nos reconforta y nos llena de optimismo la calidad humana, la capacidad, la inteligencia estrenada, el talento, la sabiduría y la reflexión de cada uno de nuestros académicos para dar a esta universidad de la región de Aysén, la mejor conducción posible. Dios, así lo quiera.

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