TERMOMETRO DE UNA SOCIEDAD ADULTA

La etapa de la adultez es un ámbito del desarrollo humano que se ha intentado definir desde muchas perspectivas y por varios especialistas. Curioso resulta que la UNESCO en su declaración de 1976 deriva la definición de adulto a las consideraciones socioculturales y no la especifica mayormente. Por otra parte, es conocida la propuesta que hace Erikson para explicar el desarrollo humano que lo lleva a la adultez y finalmente a la madurez. Este último plantea la “formación de confianza y poder” como medio para convertirse en adulto. Hay otras interpretaciones de esta etapa; por ejemplo, la capacidad de construir, modificar y reconstruir la estructura de la propia vida. Otros se refieren a la adultez como una etapa definida por orientaciones socio-culturales. De todo esto se deduce, en general, que una persona se acerca a la adultez aproximadamente a los 18 años, cuando ha desarrollado mejor su autonomía, con una perspectiva más equilibrada de la vida, de sí mismo y de la sociedad, con la conciencia de que la adultez no es algo fijo sino en continuo desarrollo y conquista.

Si pasamos de pensar en la adultez respecto de una persona y esto lo llevamos a su expresión comunitaria, es decir, a la adultez de una sociedad, seguramente que el discurso adquiere otros ribetes. Ciertamente en este camino existencial, que todos recorremos, la educación es imprescindible.  Sabemos que aprendemos no sólo por la vía de la razón memorística sino, sobre todo, por el aprendizaje a partir de modelos, nos educamos entre todos. Así como el ser humano, en singular, avanza hacia la adultez en la medida que logra autonomía, conciencia y responsabilidad, así debiera avanzar la sociedad. Sucede que en este proceso y en estos tiempos que se alza el individuo como totalmente dueño de sí, de sus decisiones y acciones, nos encontramos con una sociedad que dista mucho de ser adulta. En nuestra sociedad actual se constata muy fácilmente un sometimiento total a los poderosos criterios de la ley del mercado y de la competitividad; si alguno desea salir de esta lógica de vida se encuentra en una situación de total discriminación y abandono.  Somos parte de una sociedad que anula la autonomía de las personas, infantiliza a comunidades enteras e inhibe la capacidad de discernimiento para tomar buenas decisiones. Pienso en los pocos espacios que tenemos los ciudadanos, por ejemplo, para elegir nuestro sistema de ahorro, de salud, de educación. Todo está definido por otros que piensan en el bien de todos, no hay opciones. Lo único que marca la diferencia es el poder adquisitivo que permite otras opciones reservadas solo para algunos. Eso no es ser adultos.

Los modelos a los cuales está expuesto el conjunto social son muy pobres. En la mayoría de los medios de comunicación y redes sociales, programas, comerciales, etc estamos expuestos a estereotipos irreales: héroes y heroínas, personajes y no personas, se estimula lo imposible y no lo posible. El deporte, que ha sucumbido al sistema de mercado, se ha transformado en un distractor de la realidad. Todo esto va modelando actitudes, formas de ser, expectativas que nos alejan de ser una sociedad adulta y autónoma. ¿Quién controla la visión de mundo compartida de una sociedad? La adultez es un desafío de toda la vida, algo para ir conquistando paso a paso. Asimismo, como sociedad, podemos ir avanzando en esa dirección en la medida que nos eduquemos entre todos en la sana autonomía, aquella que mira el bien común; ofrecer a niños y jóvenes los mejores modelos y experiencias para que se desarrolle en ellos la mirada crítica, realista y humana del buen vivir

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