Universidad de Aysén: fusión del paisaje y la arquitectura

Cuando la UAysén llamó a presentar propuestas para el diseño de su campus principal y de sus edificios institucionales, lo hizo planteando una exigencia fundamental: se debía armonizar íntimamente la zonificación del Plan Maestro y las edificaciones con el paisaje milenario sobre el que se iba a construir.

El planteamiento hecho y aprobado pone esa exigencia en el centro de lo que imaginamos. Por un lado, el campus se organiza en torno a dos recorridos, uno para el tránsito vehicular y otro peatonal, correspondiendo a este último activar el conjunto del predio universitario y sus construcciones.

Las instalaciones se ubicarán en la parte superior de la meseta, pegadas al camino, liberando el terreno hacia el río. Los edificios que se construya se ordenarán de forma transversal en dirección norte- sur, cortando el sentido longitudinal del terreno de oriente a poniente, lo que permitirá la aparición de patios que abren la vista hacia el Río Coyhaique.

La propuesta incluye el diseño de un edificio de tres niveles del tipo galpón estanciero, destinado a salas de clases y reuniones, laboratorios, biblioteca, cafetería y comedor, espacios de descanso y servicios higiénicos, entre otros, con una estructura basada en marcos de lenga y pilares de hormigón armado.

El terreno ofrece condiciones únicas para la afirmación de la identidad patagónica, pues se trata de la antigua Sociedad Industrial de Aysén, cuyo orden interno es expresión de la arquitectura vernacular -con sus galpones industriales de baños de ovejas- y de la condición de este territorio como patrimonio vivo no sólo de Chile, sino que también del planeta.

El campus universitario debe constituir en sí mismo una contribución a la preservación ambiental y al desarrollo de energías renovables. No se puede imaginar una universidad en la Patagonia que no sea sustentable y ese es un principio invariable del diseño que se propone.

Eso significa también que la línea de diseño de la estructura busca no intervenir el entorno, sino más bien que las instalaciones se posen y no dejen huella; que, utilizando la más alta tecnología constructiva, se inserten en lo preexistente y no invadan donde se construye.

Se trata, en definitiva, de la arquitectura de una modernidad apropiada, que no sustituye el paisaje patagónico, sino que se funde en él.

Ciertamente, al proceder de este modo estamos siguiendo el camino que en otros países ya han transitado, edificando en zonas de alto valor patrimonial en donde hay parques, accesos peatonales que conectan con los cursos de agua, ciclovías y que restauran o reutilizan construcciones de antigua data. Ello no es trivial si se considera la altísima inserción internacional de la UAysén, por lo que su edificación debe potenciar aun más esa internacionalización de la casa de estudios regional.

En definitiva, avanzamos hacia el desarrollo de un proyecto con pertinencia, acorde con la preservación y estética de una región en muchos sentidos única en el mundo.

Angélica Oyarzún Jara

Directora de Administración y Finanzas

Universidad de Aysén

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