VIOLENCIA Y ABUSOS EN LA ETAPA ESCOLAR

En estos días hemos tomado conocimiento de las gestiones de la fiscalía regional respecto de los abusos sexuales en fiestas escolares o en reuniones de los mismos estudiantes. Si bien es cierto se alude a situaciones sufridas años atrás y circunscritas a un par de colegios de la región, el tema de la violencia en los jóvenes es un dato que cada día nos indica de que algo no estamos haciendo bien como sociedad.

La violencia en general es un fenómeno que suele preocupar a muchos, y de diferentes maneras, pero el hecho de involucrar a jóvenes en etapa escolar comporta un reto debido a la complejidad de las variables y el lugar donde se desarrolla (en la escuela o fuera de ella).  Desde el Ministerio de Educación se han implementado estrategias diferentes con el objetivo de crear ambientes libres de violencia y actitudes de vida no violentas: mesas de trabajo, compromiso por la sana convivencia, fondos concursables, etc.  Todo con el objetivo de “poner remedio” a situaciones y conductas violentas que son en primer lugar sociales y que llegan y se reflejan en la escuela.

Hay muchos tipos de violencia escolar que los jóvenes ejercen y sufren a diario: desde cómo son tratados a como se relacionan entre ellos. Todo acto de violencia denigra al ser humano y esto es más grave aun cuando nos referimos a quienes están en etapas de formación de la propia identidad, seguridad personal y conformación de las principales actitudes para la vida. Quizás el hecho de llegar a la violencia sexual entre adolescentes genera la obligada pregunta sobre los referentes sociales a los que están expuestos desde pequeños nuestros niños, niñas y jóvenes. ¿Cómo han aprendido a resolver los problemas? ¿qué mecanismos han asimilado para conseguir sus deseos? ¿Qué ejemplos de verdadero amor han aprendido de los adultos? Desde las tradicionales pataletas de pequeños hasta actos de violencia verbal y física hoy, hay un hilo conductor continuo.

Sabemos que Chile, en el vecindario latinoamericano, lleva la delantera en alcoholismo, drogadicción y violencia juvenil. Cabe la pregunta ¿a qué edad y dónde aprenden todo esto? Es un poco obvia pero es necesario que cada uno intente responderla desde la propia experiencia cotidiana de familia, de trabajo, de amistades, de vida en pareja. Frente a cada uno de nuestros gestos y palabras hay otro que aprende o desaprende algo. Estamos construyendo un país que deseamos sea bueno y justo, pero hay muchas situaciones que violentan la paz de cada uno y la experiencia de sentirse denigrado, en la incertidumbre, pasado a llevar, deriva en actitudes violentas que transmitimos a las jovenes generaciones.

La sociedad tiende a descansar en la escuela, delegando en ella lo que es responsabilidad de todos: ofrecer una educación que potencie lo mejor de cada niña, niño y joven, que puedan tener espectativas altas y desarrollarlas, que aprendan (y vean) que el respeto, el diálogo, la atenciòn al otro, la honestidad, el buen trato no son solo lindas palabras sino que a través de ellas las situaciones violentas estarán más lejos de la realidad de lo que hoy evidente y abrumadoramente están.

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