LOS MINEROS

Raúl Darío Oroño / Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación. Licenciado en Ciencias de la educación y la comunicación social. Doctor en Filosofía de la Educación (Ph. D.). Magister en Liderazgo y gestión integral para la transformación pedagógica

La semana pasada hemos asistido como región a una manifestación por irregularidades de la Mina El Toqui; muchos trabajadores de dicha mina en Villa Mañihuales, puntos más o puntos menos, estaban pidiendo el justo pago de salarios e indemnizaciones por finiquito.

Vuelve otra vez la situación minera y de los trabajadores dejados a la deriva del viento, sin pagos por sus trabajos y sin respuesta por sus reclamos; vuelve otra vez la manifestación de la población para hacer efectivos sus reclamos y vuelve otra vez la violencia para restaurar el orden público.

Ya se sabe que la minería por estos lugares, no podríamos decir hoy perdida de la mano de Dios o del Estado, pero sí abandonada a la suerte del empresario extranjero que mejor codicie los bienes de la madre tierra y los compre al gobierno de turno, está generando consecuencias.

Las complicaciones de salud que a lo largo de los años han sepultado a muchas personas por este trabajo y que siguen complicando aún la salud de las personas que laboran en ese sector, se conocen y se perciben, no olvidemos a los dos trabajadores cuyos cuerpos siguen en las entrañas de la tierra en Chile Chico. Creo que aún a pesar de estas situaciones se sigue permitiendo la explotación silenciosa de la gente que, por necesidad de trabajo, ejecuta estos menesteres, complicando o colocando su vida en peligro.

Hay que dejar de lado la extracción de minerales de la tierra, sabemos de las implicancias que esta actividad trae a la humanidad, la ambición de tener y acumular, hace que los bienes se consuman y se terminen prontamente. La ambición extractivista le hace mucho daño al ser humano y al ecosistema, deja de lado el sentido común de que todos compartimos y somos responsables de la calidad de vida de hoy y de mañana.

El hecho de que la minería en la región da mucho trabajo y que cerrar esta puerta traería consecuencias de falta de trabajo para muchas personas, es una verdad dicha a medias. Es verdad que da trabajo, pero también hay que considerar que la salud de dichos trabajadores queda dañada, por lo cual podríamos decir que hay un costo muy alto que el minero paga para permitir vivir a toda una familia. Sabemos también que las empresas que están trabajando en nuestra región son de capitales extranjeros y los réditos no quedan en el país, sino que salen del mismo sin dejar posibilidades de mayor desarrollo. En definitiva, es una situación que se vuelve a repetir tal como se vivió con el salitre, con el quebracho, con el petróleo, con el carbón y podemos seguir agrandando la lista de situaciones que reflejan el mismo proceder y las mismas consecuencias.

Hay que buscar otras fuentes de trabajo y educar para la misma, hay que formar para una capacitación más específica y amigable con el medio ambiente y que resguarde el mismo para el futuro y no lo terminemos dentro de este siglo; la minería, fuente de trabajo, así como está planteada, no aporta a la urgente necesidad del cuidado de la tierra, del lugar en donde vivimos, de la casa común de la cual todos somos responsables.

Finalmente, el pago de los sueldos y finiquitos se hizo efectivo, la movilización llegó a su término y se firmó el documento que refrendaba ambas realidades, pero sigue estando latente el hecho de que para que se efectúe la justicia social y que la entidad gobernante escuche, sea del color político que sea, se logra solo cuando hay movilización o queja que desajusta el normal desarrollo de las actividades diarias.

El otro punto a considerar en las movilizaciones es el uso de la fuerza violenta para restablecer el orden; parece que siempre el que se moviliza o el que se manifiesta es un violento y hace uso de algo que no le corresponde. ¿Qué debería hacer para que lo puedan escuchar? Y, ¿siempre son violentos los que se manifiestan? Me cuesta creer que en la manifestación de Mañihuales la persona herida sea la única violenta y se enfrente a la fuerza policial que se resguarda con una indumentaria parecida a un enfrentamiento de guerra. También las formas de presentarse son formas de lenguaje, con las cuales se dialoga.

Pedir lo que es justo es lo correcto y administrar los bienes para la equidad social es un deber. No siempre ambas cosas se cumplen, pero eso no significa que no lo realicemos con esfuerzo y trabajo diario.

Buena semana.

Related posts

Leave a Comment