Innovar al interior de lo público

La palabra gestión se escucha y se ocupa con mucha frecuencia en el mundo público y también en el privado. En el mundo de la función pública, la gestión adopta un sentido un tanto distinto a la esfera privada.

Es que en el mundo público, en los servicios públicos en general, en la administración pública o de Gobierno, es fundamental para que las cosas ocurran.

Un buen gestor en lo público se nota y sobresale del resto al poco andar. En la administración pública la burocracia es una constante con la que hay que saber lidiar y a la que hay que respetar porque si no, la opción de equivocarse o cometer un error administrativo está a la vuelta de la esquina. Por esta razón es que muchos encargados de una oficina o un cargo público prefieren caminar seguros sin grandes osadías que pudieran significar una sanción administrativa o una anotación de demérito en su hoja de vida.

El funcionario público se debe mover entre la burocracia que fomentan las normas públicas y en donde hay entes siempre alerta para que no sucedan anomalías administrativas, como estafas, malversación de fondos o errores involuntarios que perjudiquen el interés del Estado y por ende, de todos los chilenos.

Por otra parte, existen los funcionarios públicos más osados, esos que al filo de lo permitido, van más allá de lo acostumbrado. Una especie de emprendedor en la función pública. Ese encargado que argumenta con su superior la idea de mejorar el sistema.

Este último funcionario público es arriesgado, pero cuando actúa con convicción y ha estudiado lo que hace, se transforma en un gestor distinto, un sujeto de cambio. Pero para atreverse a llevar a adelante la aventura de innovar en lo público debe ser valiente y argumentar con solidez.

Sin innovación, la posibilidad del cambio es escasa, casi inexistente. Y si no existe cambio en el hacer, la posibilidad de mejorar disminuye y puede marchitar un sistema hasta su muerte. Aysén requiere de gestores valientes, de funcionarios públicos de alto y humilde rango que se atrevan a innovar. Que piensen, que se imaginen, que sueñen una región mejor, donde la innovación sea una constante y se note, se vea, se perciba y se reconozca.

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