Eso llamado vejez

Por Jorge Abasolo

Aunque duela reconocerlo, parece que la vejez es la única etapa de la vida en que no nos molesta formar parte de la solución, porque no hay ninguna.

También puede que usted se esté poniendo viejo si ya no le molesta que otro maneje el auto. Ahora, si usted decidió que va a consultar a otro médico, más joven… ya no hay lugar para dudas: usted marcha a esa etapa en que ya tiene más pasado que futuro.

En la época de nuestros abuelos la expectativa de vida era de 55 años. A los 50 la abuela se ponía una mantilla negra… pensaba como vieja… caminaba como vieja… y hasta sentía como vieja. Es decir, su biología se adaptaba a ese proyecto, y cinco años más tarde, moría… de vieja.

Hoy por hoy tenemos derecho a cuestionarnos si a los cincuenta había un mandato social que ordenaba que se era viejo, y por eso se moría a los 55 años. Entonces, ¿era la estadística la que condicionaba a nuestra abuela? ¿O eran nuestras abuelas las que somatizaban las estadísticas?

Hemos creado un mundo en el que algunos “viven demasiado corto”, por falta de de medios que fabrican el bienestar, pero otros… “mueren demasiado largo”, tal vez por exceso de bienestar o por el estrés que significa obtenerlo.

Mienten descaradamente los que señalan que se puede llegar a viejo sin mayores cuidados y gozando plenamente de la vida, sin resguardo alguno. La historia siguiente lo confirma de modo palmario.

Un joven decide ir a visitar a su abuelo de 87 años a la clínica.

-¿Cómo estás, abuelo?

-Como un roble, nietecito querido.

-¿Qué tal la comida?

-Exquisita. No me puedo quejar.

-¿Y las enfermeras?

-No podían ser mejores. Todas buenas mozas y muy amables. Me regalonean hasta decir basta.

-Y de noche… ¿duermes bien?

-Cero problemas. Nueve horas cada noche y como un lirón. A las 10 de la noche me traen una taza de chocolate y una pastilla de Viagra, y con eso me duermo como una guagua hasta el día siguiente.

El nieto, algo sorprendido con lo del Viagra, increpa a la enfermera jefe:

-¿Qué están tratando de hacer con mi abuelo? Me dice que le están dando Viagra diariamente. ¡Viagra a un anciano de 87 años!  ¡Eso es una irresponsabilidad!

La enfermera responde con amabilidad:

-Oh, sí, claro… pero, déjeme explicarle. Todas las noches a eso de las 10 le damos una taza de chocolate y una pastilla de Viagra. Todo funciona estupendamente bien. El chocolate lo pone a dormir… y el Viagra evita que se caiga de la cama.

Pero la vejez tiene su lado positivo. A veces pienso, ¿los viejos no se quejarán demasiado omitiendo lo que tienen?

Sí, porque tienen mucho y no se dan cuenta. Veamos:

Tienen plata en los cabellos, oro en los dientes, arena en los riñones y hasta azúcar en la sangre.

Por si fuera poco, cuentan con cataratas en los ojos, piedras en el hígado y hasta titanio en las prótesis.

Y no crean que todo termina ahí. A ello debemos agregar plomo en la sangre, agua en las rodillas y hasta hierro en las articulaciones.

Y como si todo ello fuera poco, los viejos cuentan con una inagotable fuente de gas natural.

¿De qué se quejan?

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