Los ritmos que no alcanzan

Aysén es una región de oportunidades, lo saben los hijos y nietos que de pioneros llegaron con lo puesto a “hacer patria” a estas tierras. Lo saben quiénes hace un “rato” llegaron, recién salidos de la universidad, a conquistar la estepa, los hielos o el mar en esta zona que ofrece innumerables oportunidades de desarrollo, aventuras, trabajo y por supuesto, harto sacrificio.

No es fácil para quien se viene de afuera y lo arriesga todo, alejarse del “mundo” e internarse en áreas con poca cobertura y escaso transporte público. No es fácil dejar lejos a los seres queridos y verlos una o dos veces al año, si el presupuesto alcanza. Hablamos de la época actual. Hace décadas, venirse a Aysén era muchísimo más difícil que ahora.

Son muchos los que además de optar por quedarse aquí, deciden hacer familia, construir un hogar y emprender un negocio del tamaño que sea.

Son muchos los emprendedores ilusionados que inician el periplo de una pequeña o mediana empresa. Idealistas que dejan los pies en la calle para sacar adelante sus sueños. Un restorán, una fábrica de muebles, una tienda, etcétera.

Los obstáculos comienzan al momento de compartir la idea, algunos interlocutores les dicen que ese negocio no funcionará por la idiosincrasia local. Luego, buscar un lugar donde instalarse y recibir el balde de agua fría que significa los precios de locales comerciales, y para qué pensar en comprar, para alguien que está empezando, imposible.

Pero, quizá una de las cosas más frustrantes es el enfrentamiento a los sistemas fiscales, de impuestos, patentes y montañas de papeles que hay que conseguir. Una especie de carrera contra el tiempo, una competencia entre David y Goliat, un gigante egoísta con sus tiempos, poco amable y menos facilitador.

Enfrentar el aparataje público que conlleva per sé una burocracia acumulada entre normas y legislación, a muchos los termina por agotar antes de llegar a la meta. No son pocos los que nunca llegan a abrir su negocio. Se pudre la madera antes de obtener un permiso equis.

En regiones como Aysén, urge tener sistemas más sensibles, adaptados e inteligentes con la realidad local, no se trata de sobrepasar la Ley por pasarla. Se trata de enfocar los múltiples actores que se conjugan en el mundo del emprendimiento para que se transformen en motores facilitadores, más que en oficinas frías en donde la palabra “No” parece automática.

Si pretendemos salir en busca del desarrollo, se requieren políticas públicas dirigidas a modernizar el Estado y de una vez por todas crear gobiernos regionales más autónomos y empoderados, dispuestos en sus diseños para ayudar a los emprendedores, con funcionarios con espíritu de colaboración a toda prueba.

Related posts

Leave a Comment