Presidenta regional de la Anef conversa con Diario de Aysén: A 42 días del 18 de octubre, Yéssica Almonacid: “Creo en la revolución pacífica”

Por Patricio Araya González

Convencida de que a 42 días del estadillo social a nivel nacional la apuesta del gobierno es una sola: desmovilizar a la gente, y para ello la Navidad surge como un gran aliado, la presidenta regional de la Anef Yéssica Almonacid Soto (42 años, una hija; trabaja en la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio) asegura a Diario de Aysén que “el gobierno va a utilizar todas las herramientas posibles para desgastar el movimiento”.

“Cuando uno habla de que Chile despertó, y si bien es cierto que habrá minutos en los que la población se puede replegar, ya sea por vacaciones o la misma Navidad, va a haber un cambio en cuanto al consumismo y hacia cómo vamos a vivir estas fiestas de fin de año; ya estamos escuchando en el trabajo, en el colectivo, dentro de la familia, que también ha ayudado a despertar no solo el hecho de salir a luchar por los derechos, sino también cómo nos relacionamos con el consumo y con el modelo”.

Respecto a la preocupación que manifestó en este mismo medio el presidente de la Cámara Nacional de Comercio Manuel Melero, en relación al complejo escenario que enfrenta el gremio debido a la disminución de las ventas, Almonacid piensa que esa disminución no es solo porque la gente no puede ir a comprar, sino porque “se está produciendo un cambio de mentalidad. El llamado que hacemos como Anef es a comprar en los locales de barrio, no comprarles a las grandes transnacionales, sino que volver a hacer huertas, volver a tener una relación más equilibrada con el consumo, que compremos solo lo que necesitemos y no nos sobre endeudemos”.

En tal sentido, la dirigenta hace un mea culpa. “Nosotros hemos alimentado el modelo, este sistema tan perverso; el gobierno va a hacer muchas cosas más para desmovilizar a la población. Que se peleen pobladores con pobladores, o que se peleen las distintas clases, eso lo estamos viendo hoy, cómo se ha polarizado la población, las personas que tienen un trabajo mejor remunerado son vistas como enemigas de otros grupos que no tienen trabajo, o que tienen un trabajo que va por debajo del (ingreso) mínimo. Independiente de nuestra condición contractual, somos todos de la clase trabajadora, el enemigo está en otro lado”.

-¿Dónde está el enemigo?

-El enemigo está representado por los grandes grupos económicos que han manejado los distintos gobiernos y el Poder Legislativo; siempre hemos sabido que en Chile hay familias que manejan todo, que tienen el poder económico; además es súper injusto porque somos uno de los 15 países a nivel mundial con la mayor desigualdad; la acumulación de riqueza no se distribuye de forma equitativa, y por eso es la rabia de la gente.

Enemigo que en opinión de Almonacid se combate cambiando la institucionalidad pública mediante una nueva Constitución “con políticas públicas que realmente garanticen derechos ciudadanos como la salud, la educación, la vivienda; pero, además educando a la población en otras formas de abastecimiento, como el auto cultivo, para no seguir alimentando el modelo capitalista; el tema de las AFP’s es clave, tener pensiones dignas, que tengan que ver con un sistema de seguridad social, y no como es hoy, un sistema de capitalización individual que profundiza mucho la desigualdad en nuestro país”.

-Según la OCDE, Chile tiene un ingreso per cápita de 25 mil dólares, pero eso promedia los ingresos millonarios que perciben algunos con el salario mínimo que recibe la gran mayoría, ¿quién se está quedando con la diferencia?

-Esa es la indignación que hoy día se refleja en las calles porque nosotros sabemos que la plata está; las utilidades que hoy día tienen las AFP’s, que son las que administran nuestro dinero, dinero que tampoco es nuestro, son inmensas.

La presidenta regional de la Anef recuerda que en la actualidad existen casos de personas que han pedido retirar sus fondos y que la justicia aún no logra resolver, ya que en todos ellos está en entredicho el derecho de propiedad de esos dineros.

“Ahí no hay derecho de propiedad, esas platas generan muchas utilidades porque ellos (las AFP’s) invierten nuestro dinero en los grandes mercados, le pasan la plata a los bancos, y luego los bancos nos prestan nuestra la plata a través de créditos de consumo con intereses altísimos; es nuestro dinero el que está circulando, y de ese chorreo a la población no le llega nada. Esa es la indignación. Muchas de esas grandes empresas ni siquiera son capaces de pagar un sueldo mínimo que alcance para vivir”.

-¿Cuál es la evaluación que hace la Anef transcurridos 42 días de movilizaciones sociales?

-Este movimiento nace de un descontento social del que se venía hablando hace muchos años, esto no partió con la evasión en el metro por el alza de 30 pesos del pasaje, eso fue la gota que rebasó el vaso; esto venía desde hace mucho tiempo, se hablaba del derrumbe de este modelo capitalista neoliberal, que lo único que hacía era oprimir al pueblo, que entregaba pensiones miserables, con sueldos bajísimos, mala calidad de vida, con una enorme cantidad de horas de trabajo para recibir un sueldo mínimo que no alcanzaba, el sobre endeudamiento para poder estudiar; hoy día la gente compra su alimento, algo de primera necesidad, a crédito y con muchos intereses de las tarjetas y de los bancos. La gente ya no soportaba más humillaciones por parte de las autoridades que están absolutamente desconectadas con la realidad de la ciudadanía, como aquella del exministro de Hacienda que mandó a la gente a levantarse más temprano para ahorrar en pasajes, o cuando se dijo que la gente iba a hacer vida social a los consultorios.

“Esto (la crisis) ya se había vislumbrado, el diagnóstico se había hecho hace mucho tiempo, con la revolución pingüina, gracias a ello se logró avanzar un poco en gratuidad; pero también hace mucho rato distintos sectores ya estaban en la calle. Hace ya más de cinco años se crea la coordinadora No más AFP, se han hecho marchas masivas por pensiones dignas; también muchas marchas por la salud que queremos, la salud hoy día es un privilegio. Esto se venía arrastrando desde hace mucho. No son 30 pesos, son 30 años de vulneración de derechos”.

-¿Cuál es el avance que se ha logrado en estos 42 días?

-Hoy día decimos que no hemos conseguido nada concreto. Sí está el acuerdo que se firmó para hacer un plebiscito en abril, pero tampoco vemos en él las condiciones que garanticen el bienestar de la comunidad. En los temas que requieren urgente solución no se ha avanzado, todo lo contario, no se ha logrado avanzar respecto a un sueldo mínimo de 500 mil pesos; tampoco hay una voluntad real del gobierno de decir vamos a avanzar hacia un sistema de reparto, y lo más grave que hemos visto en estos días, es que se ha criminalizado la protesta y han surgido muchos proyectos que tienen que ver con seguir vulnerando los derechos humanos. Eso es sumamente grave.

“Eso lo vemos en cómo el Presidente ha continuado entregándole más atribuciones a Carabineros y a las Fuerzas Armadas, sumado a la cantidad de millones que se han ocupado para reprimir al pueblo, nadie habla de eso, cuánto vale una bomba lacrimógena, quién se está haciendo millonario con todo este despliegue; además de la cantidad de gente que ha perdido la vista, que ha sido mutilada, los que han fallecido y el gobierno no se hace cargo. Es más, critica a los organismos internacionales que han hecho informes objetivos sobre las vulneraciones de los derechos humanos, y el gobierno lo niega. No esperamos que esto termine ahora porque consideramos que las movilizaciones deben continuar en la calle exigiendo derechos hasta alcanzar esa agenda social en el corto plazo y las transformaciones profundas a largo plazo”.

-Se ha dicho que Chile despertó, ¿qué viene ahora?, ¿qué está haciendo el movimiento social para demostrarle al gobierno que las cosas cambiaron?

-Salir a la calle fue lo primero, lo segundo tiene que ver con la articulación de las organizaciones sociales, vecinales y sindicales; la idea es poder articular y generar propuestas a través de estos cabildos que se han realizado en todo Chile; ha sido muy gratificante escuchar y ver lo que la ciudadanía quiere. En Coyhaique se hizo un cabildo que reunió a más de 200 personas, se conversó sobre la ciudad y el país que quieren. Eso es lo que nos faltaba, volver a dialogar, pero poder articular un trabajo para generar propuestas. Es una buena señal que el gobierno haya recibido a la Mesa de Unidad Social.

-Desde la derecha se critica a los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría que teniendo mayoría parlamentaria no hicieron los cambios que hoy se piden, incluso, una nueva Constitución.

-Desde mi mirada como dirigenta sindical que ha vivido distintos gobiernos, pienso que desde el retorno de la democracia tuvieron la oportunidad de realizar transformaciones profundas, pero no se hicieron porque también les convenía el modelo.

-¿Se acomodaron al modelo?

-Se acomodaron al modelo y porque también siempre ha estado presente la política de los acuerdos del tipo ‘en la media de lo posible’ y después se fue profundizando mucho más la desigualdad en Chile, y el modelo fue agarrando cada vez más cuerpo. En vez de haber avanzado, por ejemplo, en las leyes laborales, lamentablemente hoy en Chile existen muy pocos sindicatos, solo el 10 por ciento de los trabajadores está sindicalizado; lamentablemente las reformas laborales de los distintos gobiernos hoy día ni siquiera nos dan el derecho a la titularidad sindical, los trabajadores del sector público no tenemos el derecho a negociar colectivamente, ni el derecho a la huelga (…) todos los gobiernos son responsable de la situación que estamos viviendo hoy día.

“Es muy difícil hacer sindicalismo en Chile debido a la connotación negativa que tiene para las autoridades y las jefaturas, al que es dirigente se le ve como un mal líder porque es el que está enrostrándole cuáles son los problemas que tienen los trabajadores; a ello se suma que en Chile no se les ha dado a los sindicatos la legislación que requieren. En nuestro país se destruyó el tramado social y costó mucho rearmarlo. Así como hay un desprestigio de la clase política, también hay un desprestigio de los dirigentes sindicales. Aquí pagan justos por pecadores”.

-¿En qué está la idea de pasar a contrata a los trabajadores a honorarios del sector público?

-Existe un compromiso que se hizo con el gobierno de la Presidenta Bachelet de ir pasando a ocho mil trabajadores a honorarios a la contrata, sin embargo, las condiciones en que se pasaron no eran las que esperábamos porque se pasaron de (sueldo) bruto a (sueldo) bruto, pero aquí en las regiones que se paga zona, hay compañeros que terminaron en grados muy bajos de la escala única de sueldos, en grado 21, siendo profesionales. El punto es que ahora no sabemos cómo va esa negociación porque es algo entre la mesa del sector público con el gobierno, ahí es (el ministerio de) Hacienda, la Dipres la que tiene que dar la cantidad de honorarios que pasan a contrata y en qué condiciones lo harán.

-Cuando se plantea la necesidad de cambiar la Constitución se sostiene que en ella se consagra el principio de subsidiariedad del Estado, es decir, el Estado solo se hace cargo de aquello que los privados hacen mal, o no están interesados en hacer, ¿la gente que marcha entiende eso?

-Hay que educar y tenemos que educarnos entre todos, hay que volantear, hacer puerta a puerta, hacer plazas ciudadanas, ese es el gran desafío. El tema del rol subsidiario tiene que ver con todo aquello con lo que se puede hacer negocio, se hace negocio. El Estado se echa para atrás y lo ha hecho en temas de derechos, como la seguridad social; el tema de las pensiones se lo entrega a los privados, o sea, a las AFP’s; en la educación el Estado subsidia algunos colegios, no importa que haya lucro porque es el derecho que tienen los privados de entregar este servicio a la población; lo mismo con la salud, con la vivienda, con las cárceles concesionadas. Es este rol subsidiario del Estado el que nos tiene como nos tiene; necesitamos un rol que sea solidario y garante de derechos.

-¿Usted califica a este movimiento social como pacífico, o como algo que va avanzando hacia una mayor radicalización, es posible hacer una revolución en paz?

-Yo creo en la revolución pacífica, quizás soy igual de romántica y utópica que Allende, quien creía mucho en el debate de las ideas y que nos podíamos entender, su proyecto consistía en entregarle dignidad a la gente, de repartir mejor la torta, que los niños tuvieran leche para tomar y pudieran tener las mismas oportunidades que cualquier otro niño de más recursos; no concibo que nos tengamos que matar unos a otros, que Chile tenga que volver a sufrir lo que sufrió en dictadura; ya lo estamos sufriendo con 27 personas fallecidas, con gente que ha perdido la visión, como Gustavo (Gatica) que perdió sus dos ojos. Claro que eso enrabia y hace que nos preguntemos cómo es posible que el Presidente no entienda lo que está pasando, cómo es posible que haya tanto egoísmo de parte de nuestras autoridades y que sean capaces de sacrificar a la gente para continuar con su modelo. El diagnóstico ya está hecho: el modelo que hay que cambiarlo, tenemos que avanzar hacia un modelo que sea más equitativo y solidario, que haya más justicia social. Hablar de una revolución armada para lograr los cambios que necesita Chile me produce un dolor inmenso, mucho miedo; ¿cómo se levanta un país así, con la sangre derramada de nuestros propios hermanos? Yo sigo creyendo en el diálogo, en el sentido común y que podamos mirarnos y decir esto hay que cambiarlo. Estamos muy polarizados, estamos siendo muy poco tolerante con lo que piensa el otro.

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