MÁS MATURANA, MENOS INTOLERANCIA

Una verdadera polémica se ha generado en la ciudad de Coyhaique, luego que el Prefecto de Aysén solicitara a la dirección de un establecimiento educacional un listado con los alumnos que el pasado 6 de noviembre participaron en una marcha de estudiantes secundarios, en el marco de las movilizaciones sociales que se han venido desarrollando a lo largo de todo el país, a partir del viernes 18 de octubre.

Según explicó el alto mando institucional, el propósito del coronel no era otro que cautelar los derechos de los estudiantes durante las marchas, tanto en lo referente a su seguridad como a su derecho a expresión; sin embargo, alumnos, profesores y apoderados no solo discreparon con la explicación, sino que la consideraron irregular en el contexto de un estado de derecho.

Comoquiera que sea, la comunidad educativa del colegio y la policía uniformada entraron en una zona de conflicto de la que no será fácil salir, excepto, que como todo conflicto, pase por una etapa de acercamiento entre las partes.

“La democracia no es una teoría –aseguró hace dos días en una entrevista televisiva el biólogo y filósofo Humberto Maturana– es un modo de escuchar”.

De este razonamiento, simple pero muy sabio, se podría colegir que lo recomendable sería desempolvar la ahora añeja idea que teníamos de la democracia –una entidad abstracta que nos legaron los griegos y que desde hace más de 25 siglos venimos aceptando como la mejor forma de gobierno– y comenzar a escuchar a los otros.

La otredad, aquel mundo ignoto que nos suena diferente de principio a fin, y que solemos aceptar con la boca chueca con tal de no pasar por intolerantes, en rigor, no es tan desconocido ni diferente a lo que pensamos. Los carabineros también tienen hijos, muchos estudiantes tienen padres policías, ¿por qué los unos tendrían que ser tan diferentes de los otros?

¿Acaso la rabia social es tan poderosa y destructiva que hace que un escolar lance una pedrada a un carabinero por la espalda? ¿Acaso la seguridad de sentirse amparado por el peso de una institución dotada del uso legal de la fuerza, es tan poderoso que consigue franquear el ingreso de un oficial a la dirección de un colegio para pedir antecedentes personales de los alumnos?

Ni lo uno ni lo otro. Como sostiene el Premio Nacional de Ciencias Humberto Maturana, ya es hora de pasar de la teoría a la praxis democrática. Es hora de apartarse del dogma y darse tiempo de escucharnos, de saber qué inquieta al otro, cuáles son sus pulsiones, hacia dónde navega su espíritu, qué lo desvela y por quién se levanta cada mañana. Chile es un país que aún no sana las heridas de su pasado reciente, y ya pareciera estar de regreso en la senda de la intolerancia que destruyó nuestra convivencia.

Hay que escuchar más a Maturana y menos a nuestra maldita seguridad de sentirnos infalibles.

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