Reflexiones en Torno a Género y Educación Superior

A.S. Laura Álvarez Díaz

Encargada de la Dirección de Asuntos Estudiantiles

Universidad Austral de Chile, Campus Patagonia

La igualdad de oportunidades en el acceso al desarrollo individual y colectivo, y la posibilidad de ingreso y permanencia en la educación superior, presentan barreras menos visibles que aquellas delimitadas por los recursos económicos, que por cierto son fundamentales para avanzar en equidad y justicia social, lo que nos enfrenta a nuevos desafíos y lecturas de una realidad diversa, compuesta por necesidades específicas de personas y grupos que representan eslabones esenciales en la implementación de medidas destinadas a corregir situaciones históricas de desigualdad.

Para esto se requiere permear todos los niveles del sistema educativo, revisando la orientación vocacional, las formas de evaluación, de selección, la implementación curricular (formal, real y oculta), la orientación a temáticas atingentes en formación y especialización docente; la existencia de medidas de apoyo social y nivelación, con enfoque de género, territorio y etnicidad.

En materia de equidad de género, las políticas públicas se han orientado a nivelar el acceso, en cantidad de hombres y mujeres que ingresan a la educación superior, sin embargo, existen desafíos aún pendientes, como la división sexual de la orientación vocacional que determina que las mujeres sigan “optando” por carreras que representan la prolongación del rol materno y de servicio a otros, dando cuenta de una fuerte socialización diferenciada entre sexos, donde los hombres siguen optando por carreras que les brindan mayor acceso a espacios de incidencia, toma de decisiones y mejor remunerados.

Cuando hablamos del acceso a especializaciones, nos encontramos con un número menor de mujeres, que se asocia a la edad en que se opta por estos procesos que coinciden con la etapa de crianza, provocando su marginación por la desigual distribución de responsabilidades en el ámbito privado, condicionadas a “optar” por privilegiar el rol de cuidadora, donde los acuerdos familiares, por lo general, priorizan la opción masculina en el acceso a mayores grados académicos, lo que nuevamente, los pone en una situación de privilegio.

Por lo anterior, las instituciones de educación superior tienen el desafío de romper con el sistema de reproducción cultural que mantiene una distribución desigual del poder. Estamos llamados a observar nuestros procesos internos y la distribución de poder y jerarquía, como la segregación sexual de empleos, la existencia de protocolos internos de detección de situaciones de discriminación arbitraria, violencia de género, acoso sexual, accesos diferenciados, medidas adecuadas de retención en el sistema, entre otras, preparando ciudadanos y ciudadanas conscientes de sus derechos y liberados de determinaciones culturales que coartan su desarrollo y crecimiento individual y colectivo.

El desafío de la educación superior en materia de género es seguir avanzando en acceso y oportunidades. Eloísa Díaz, primera graduada de Medicina de la Universidad de Chile en 1887, estudió junto a su madre y tras un biombo. Es hora de avanzar del biombo a la cátedra.

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