Coyhaiquina de origen chilote gana “El Menú de Chile” con su investigación gastronómica “Fiesta familiar de las Carmelas: de la huerta a la mesa”

Por Patricio Araya González

Verónica Mansilla Aguilar (48 años, tres hijos), es la flamante ganadora del concurso “El Menú de Chile” que por tercer año consecutivo convoca el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, una oportunidad para ir en búsqueda no solo de sabores y olores culinarios, sino de aquel relato que desata la nostalgia, ese misticismo que se cuece a fuego lento en los dominios de la cocina ancestral, de aquella cuya máxima excentricidad era una trenza de ajo colgando de la puerta.
Y ese fue el leit motiv de Verónica –quien está en su último año de la carrera de Gastronomía Internacional en Inacap– viajar hasta su infancia para reencontrarse con el recuerdo su abuela.
“Mediante la investigación que hicimos con mis compañeros mi mayor interés era reconocer a mi abuela materna, una mujer muy luchadora, un verdadero ejemplo para sus descendientes, que tuvo que arreglárselas solita con cuatro hijos, y que a través de la cocina siempre transmitió el cariño por su familia”, asegura su emocionada nieta.
Cuenta que también la motivó a postular la publicación que se hará de su receta, así como difundir la cocina patrimonial patagona, cuyos orígenes, igual que los de su abuela, se hallan en Chiloé. “Me gusta mucho la investigación gastronómica, me gustaría trabajar en esa línea; además, acá en Inacap me gustó mucho el ramo de materias primas, poder trabajar y rescatar los insumos que son originarios de nuestra región y de nuestro país, eso me parece muy importante”.
Verónica está tan convencida que es posible vivir de la investigación gastronómica, que plantea como ejemplo el Restaurant Boragó, en Santiago, cuyo dueño Rodolfo Guzmán ha formado escuela experimentando con una cocina basada en lo natural, “un icono en investigación gastronómica que está catalogado como el quinto a nivel latinoamericano; la investigación no solo es teoría, es llevar a la práctica y utilizar de la mejor manera posible las materias primas que existen en nuestro país”.
Explica que la Patagonia está llena de frutos silvestres y hongos que se deben utilizar y preservar. Como descendiente de chilotes, esta coyhaiquina de nacimiento y crianza, persiste en defender a muerte la cocina del archipiélago. “Nuestras costumbres, aunque no se muestran mucho, están inmersas en nuestro origen chilote”.
“Nosotros siempre tuvimos alimentación saludable, eso cambió cuando decidimos darle espacio a la comida rápida, a tratar de preservar los alimentos por más tiempo, yendo en contra de la naturaleza prolongando la estacionalidad de los alimentos de manera artificial”, sentencia.
Su abuela ya no está, pero sí su comadre Carmen de la Torre, un testimonio viviente de la época donde la vida familiar se hacía en torno al calor de la estufa, con el buen mate de mano en mano, mientras afuera la lluvia se burlaba del reloj y la vida era eterna, y sobre todo, sabrosa y cariñosa.

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