La Historia como tal…

Por Jorge Abasolo

SIEMPRE HE SIDO refractario a la forma en que se nos enseña la historia en los colegios. Los héroes pareciera que no se deprimían, no fornicaban ni menos sudaban o cagaban.

Eran héroes, cierto…pero no ángeles ni serafines.

De cuando en vez conviene bajarlos del pedestal de sus monumentos y tratarlos como lo que fueron: seres humanos de carne y hueso.

La historia contada desde el colegio comienza por engañarnos desde el principio. Más tarde, los festejos oficiales nos deforman el pasado y nos sugiere rendir pleitesía ante estos caballeros de quienes no hay fotos y conviene quedarse con la imagen de las estatuas de mármol, donde quedaron registrados de modo vitalicio.

Partimos con mentiras piadosas, como no difundir mucho que el primer presidente de Chile (con rango de tal) fue un argentino, llamado Manuel Blanco Encalada, ni admitir que la Independencia de nuestro enjuto país fue financiada en gran medida por el Virreinato de La Plata (Argentina)

Omitimos también que el cacique Colo-Colo es solo ficción inherente a la mitología o que las cartas de Pedro De Valdivia al Rey Carlos Quinto fueron fruto de la imaginación de un chileno que adoraba en demasía nuestra tierra.

En Chile, la historia se cuenta con seriedad y ritmo de ópera wagneriana cuando, en estricto rigor, tiene el sonsonete propio de un himno de rayuela de barrio.

De Bernardo O’Higgins sólo se narran sus grandezas y un amor exacerbado a la Patria, cosa que no discuto. Pero se omite, que persiguió con saña a los Carrera, que su resentimiento social lo llevó a abolir los títulos nobiliarios, aunque él se siguió apellidando O’Higgins, en circunstancias de que su apellido era Higgins. El resto era título nobiliario que le correspondía a su padre.

Tampoco se dice que fue el cerebro del asesinato de Manuel Rodríguez, y que para ello contaba con la anuencia de la Logia Lautaro (predecesora de la CNI).  La tonada de Vicente Bianchi con letra de Pablo Neruda señala que:

“En Til-Til lo mataron,

los asesinos…”

¿Habráse visto lenguaje tan elusivo y chileno como éste?

¡Lo mataron los asesinos!  ¿Quiénes otros podrían haber sido?

Soterradamente, hoy se sabe hasta los nombres de los sicarios.

Y para que esta columna no se transforme en el prefacio de algo apocalíptico, terminaré con capítulos que quedaron atrapados en los entresijos de la historia oficial.

Se sabe que como país, Chile no tiene amigos, sino vecinos. Nuestra relación con Bolivia está condenada a ser similar a la del ventilador con la estufa.

V.gr,: ¿sabía usted que Chile tuvo un ministro de Relaciones Exteriores de nacionalidad boliviana?     ¡En serio…!

En los convulsos tiempos de la Patria Vieja, específicamente un 8 de abril de 1813 asume este cargo, el abogado boliviano Jaime de Zudáñez. Este canciller había nacido en la ciudad Chuquisaca, actualmente llamada Sucre. A él se le atribuye la redacción del “Catecismo Político Cristiano”, obra de orientación democrática y moralista. Llegó a ser asesor de Bernardo O’Higgins y “apretó cachete” con los patriotas después del Desastre de Rancagua para no volver nunca más.

Es el lado B de nuestra historia…

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