Rompiendo las desigualdades desde el origen

María José Castro, Subsecretaria de Educación Parvularia

Nuestro sistema educativo tiene muchas debilidades. Hay abismos profundos y desigualdades dolorosas. Pero sabemos que ningún territorio es más fértil que la infancia. Por ello es tan importante aumentar la cobertura y calidad de la educación parvularia en Chile. Solo así podremos revertir la profunda inequidad que existe entre grupos socioeconómicos, además de mejorar nuestras cifras de cobertura en los primeros años, la que apenas llega al 51%, muy por debajo de los países de la OCDE.

Hay evidencia suficiente, en todas las latitudes del conocimiento, para afirmar que la mejor inversión que un país puede hacer está en la educación inicial. La intervención educativa temprana tiene una vinculación directa en la reducción de la pobreza, en más justicia social y en una activa participación cívica. Más educación parvularia es más democracia, es más salud, es más felicidad.

Es indesmentible que la educación en los primeros años contribuye al desarrollo escolar futuro.Las niñas y niños no pueden esperar. No podemos hacer oídos sordos a esta urgencia. Ellas y ellos son nuestra prioridad. Y por eso, estamos debatiendo en el Congreso, un proyecto de ley que propone una subvención universal de calidad por 217 mil pesos, para los niños entre los 2 y 4 años.

El valor de esta subvención supone un aumento de un 67% para los establecimientos Vía Transferencia de Fondos, que hoy reciben 131 mil pesos por niño. Es un aumento que va en el camino correcto para terminar con la discriminación arbitraria que han sufrido, por años, estos jardines, en comparación con los de Junji e Integra. Pero esto no es todo: la iniciativa crea otras tres subvenciones complementarias por vulnerabilidad, ruralidad y necesidades educativas especiales. En total, un establecimiento podría llegar a los 300 mil pesos por niño. Jamás el Estado había invertido tanto en educación parvularia. Estamos hablando de un proyecto cuya inversión supera los 116 mil millones de pesos.

Estos recursos tienen un destino claro: infraestructura, equipamiento, mobiliario, material didáctico, mejores condiciones para los equipos pedagógicos y capacitación permanente.

Las políticas públicas no se improvisan. Se deben fundar en evidencia. Hoy tenemos los datos que nos obligan a hacernos cargo de esta realidad y tenemos también un Gobierno dispuesto, que entiende el compromiso moral y ético de poner a las niñas y niños de Chile primero.

Es fundamental aprobar este proyecto de ley no para satisfacer al Gobierno o a la oposición; es fundamental aprobarlo porque las niñas y niños de nuestro país no pueden esperar. No podemos seguir hipotecando sus sueños, menos su felicidad. Se los debemos.

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