DIA INTERNACIONAL CONTRA LA TRATA DE PERSONAS: la esclavitud del siglo XXI

General José Riquelme Herrera, Jefe XI Zona de Carabineros Aysén

La búsqueda de mejores expectativas económicas, guerras o condiciones de inseguridad, son algunas de las razones que motivan a las personas a migrar de sus países de origen, situación que, en ocasiones mediante engaños, rapto, uso de la fuerza o abuso de poder, es aprovechada por organizaciones criminales dedicadas al tráfico de personas con fines de explotación laboral, sexual, trabajo infantil, extracción de órganos, entre otras prácticas constitutivas de delito de “trata de personas”.
Esta forma de “Esclavitud Moderna”, es una grave violación a la dignidad y derechos de las personas que en un estado de vulnerabilidad se ven envueltas en este tipo de redes, obligadas a trabajar en contra de su voluntad, con desinformación, temor, coacción y amenazas que afectan su integridad física y psíquica.

Este delito contempla al menos tres etapas durante su ejecución, como son el reclutamiento, traslado y la posterior explotación. Captar, transportar, trasladar, acoger o recibir personas recurriendo a la amenaza, al uso de la fuerza u otras formas de coacción, son algunas de las acciones que tipifican el delito de acuerdo a las Naciones Unidas, existiendo fines específicos de explotación a los que son sometidas unos 40 millones de personas a nivel mundial.
Cifras de la Oficina de las Naciones Unidades contra la Droga y Delito (UNODC), dan cuenta que la trata de personas es el tercer negocio ilícito más lucrativo a nivel mundial luego del tráfico de drogas y armas, generando más de 150 millones de dólares anuales por concepto de esclavitud sexual, trabajo forzoso, trabajo infantil, mendicidad ajena, matrimonio servir o servidumbre y la extracción ilegal de órganos.
Se trata de una preocupación vigente en América Latina y el Caribe que llevó a Chile a suscribir la Ley de Protección de Víctimas de Tráfico (TVPA por sus siglas en inglés) y que corresponde a la Convención de las Naciones Unidades contra la Delincuencia Organizada Transnacional, firmada en Palermo, Italia, el año 2000.
En Chile la Ley 20.507 de 2011 –que tipifica este delito- introdujo modificaciones al Código Penal, definiendo los ilícitos de tráfico de migrante y de trata de personas, estableciendo penas y multas, considerando como agravante que las víctimas sean menores de edad.
Se trata de un delito complejo en términos de investigación y de prueba, toda vez que existen situaciones de temor y amenaza sembrado en el inconsciente colectivo de las víctimas por las redes delictuales, que facilitan y amparan su desarrollo, principalmente el silencio y la desconfianza hacia las Instituciones.

Conmemoramos el día 30 de julio el Dia Internacional Contra la Trata de Personas y como autoridades salimos a la calle a entregar información a fin de visibilizar este moderno flagelo delictual y al recibir el testimonio vivencial de la señora “Jeanette”, una ciudadana de nuestra ciudad que nos relató su experiencia al acoger a una migrante Colombiana desplazada y abandonada en esta ciudad mediante engaños y que gracias a su apoyo salió adelante y el caso de “Sandra” una migrante Venezolana que trabaja tranquila, segura y estable en una tienda de la ciudad, con estos casos confirmamos que el apoyo y la confianza en nuestra institucionalidad permite en nuestro país el desarrollo y el emprendimiento de las personas vulnerables para acceder a derechos laborales, vivienda y servicios.

Hoy como miembro del Alto Mando de Carabineros de Chile y Jefe de Zona en la Región, empatizo con la problemática, me formo una opinión y tengo la convicción de que este delito puede estar pasando frente a nuestros ojos amparado en el silencio de sus víctimas, por ello no basta con una Ley contra la Trata de Personas, tampoco basta con que existan instituciones policiales para darle cumplimiento a la norma, o instituciones para acoger y reparar a las víctimas; en realidad para que todos estos medios sean eficaces se requiere de todos nosotros como ciudadanos para acoger, escuchar en silencio la voz del inocente, observar con mayor detención nuestro entorno e identificar las señales de este deleznable delito para denunciar con energía y sin temor su existencia el día 30 de julio y todos los días del año.

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