¿POR QUÉ UNA COLUMNA DE OPINIÓN?

Las columnas de opinión representan siempre un desafío para quien las redacta; le precede un proceso de investigación y reflexión sobre el tema que se desea plantear, también implica una toma de posición al respecto. Finalmente queda un texto ofrecido al público que decide o no leerlo durante el ejercicio de “leer” el diario.

La lógica que se da entre el que escribe y el que lee es muy interesante. Quien escribe selecciona un tema que considera de interés público y expresa una opinión sobre aquello; dicha opinión representa una perspectiva específica que se plasma en algunos pocos párrafos. Generalmente en la columna de opinión se encuentra la mirada que el autor tiene del ser humano, el espacio social que habita y las lógicas relacionales que la regulan. Cuando el texto es leído por otra persona, que posee igualmente una mirada específica sobre el ser humano, el espacio que habita y las lógicas relacionales que la regulan, se produce un diálogo, una confrontación, un coloquio, que da lugar siempre a algo nuevo. Esa dinámica entre el que lee una columna de opinión y quien la escribe, resulta ser un input para ir generando opinión y conocimiento colectivo sobre diferentes temas.

En la medida que podamos ir avanzando en la capacidad de exponer nuestras ideas colocándolas en diálogo con las de otros, podremos avanzar hacia miradas compartidas o por lo menos conocidas. Cuántos conflictos sociales presenciamos en estos días, justamente porque no nos damos el tiempo de entender en profundidad los diferentes planteamientos.  Una columna de opinión coloca el tema “sobre el tapete” pero la riqueza verdadera sobre ese tema se dará cuando se produzca el milagro del dialogo real entre lo que se lee y lo que se piensa. Vivimos en una sociedad formateada por un modelo que privilegia y fomenta la actividad, el cumplimiento de tareas para las estadísticas, el frenesí de la burocracia, que precisamente no facilita el diálogo verdadero, aquél que es fruto de la confrontación, del tiempo humano y familiar para conversar y debatir en profundidad.

Como ciudadanía tenemos aún el desafío de compartir nuestras opiniones y puntos de vista, sin temor a pensar diferente y sin caer en el ostracismo intelectual frente al pensamiento del interlocutor.  Cerrarse al diálogo es negarse a crecer como persona, porque siempre está la posibilidad de aprender algo, de ampliar y profundizar la mirada, incluso a partir de la forma de ver la vida de otra persona que aparentemente está en la otra vereda. La filosofa, pacifista y sindicalista, Simone Weil, avanzó en su pensamiento y en su actuar a través del criterio de la contradicción porque, según ella, es en la contradicción cuando asoma lo nuevo.

Dejar un poco de lado la pantalla del celular y regalarnos más tiempo para dialogar, confrontar e intercambiar ideas puede ayudarnos a todas y todos a calar en nuestros estilos de vida, transformándolos en espacios ricos de humanidad que concreten aquello que todos soñamos: una sociedad plena en justicia, en solidaridad, en una relación armónica con nuestro medioambiente; una sociedad en la que cada forma de pensar sea vista como un aporte y no como una amenaza.

Una columna de opinión quizá busca esto, poner en diálogo los puntos de vista, provocar una rica conversación, compartiendo un buen mate o un cálido café, para que el día a día sea intensamente humano, compartido y construido colectivamente.

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