MIGRANTE Y RESPONSABILIDAD DE LA ETICA DEL ROSTRO

Días atrás nos enteramos por las noticias sobre la hazaña de una valiente mujer, Carola Rackete, joven capitana de un barco que, por rescatar y salvar migrantes, fue detenida en Italia y luego fue dejada en libertad. También asistimos a las imágenes que las noticias entregan sobre las condiciones inhumanas en la que se encuentran miles de migrantes en la frontera de México y EEUU. Más cerca aún, en nuestra frontera con Perú hay una situación de total desprotección de familias completas que buscan un lugar donde poder desarrollarse como familia, como personas. En nuestra propia región, compartimos con mucha/os hermanas y hermanos que llegan de otros países a buscar un espacio en el cual vivir y ser un aporte a la sociedad.

La realidad del migrante es multifacética y multifactorial. Personalmente quisiera compartir una breve reflexión sobre ellos desde una perspectiva que, a mi modo de ver, va al fondo de la cuestión.  Cuando hablamos de migrante nos referimos a “otro” que viene y nos coloca de frente otra cultura, otras facciones del rostro, otro ritmo de vida… muchas cosas. En nuestra sociedad globalizada el tema del “otro” se ha convertido en tema central del debate. En el pasado el tema de la diferencia era vista como una amenaza a la propia identidad, hoy sabemos que es una riqueza, pero, ¿Cómo acogemos esa riqueza?

El filósofo Lévinas, llamado el “filósofo del otro”, nos ofrece una perspectiva muy interesante. Es necesario partir desde el rostro del otro, filosófica y educativamente, crear las condiciones para que demos el paso como sociedad desde un humanismo del sujeto (del yo) a un humanismo del otro (del tú y del ellos). Esto implica pasar de una ética (forma de hacer) individualista a una ética del rostro y de la responsabilidad.

El rostro de nuestros hermanos migrantes, los que vemos en las noticias, los que encontramos en nuestro diario vivir, es un rostro que no podemos evitar sin sentirnos cómplices de una injusticia que aumenta. El rostro del otro, dice el filósofo, es una presencia única y absoluta, es una huella del infinito. Hay que vivir la ética del rostro que es: acogida, escucha, compañía y solidaridad. 

Por otra parte, la relación con el otro, es decir la “proximidad” es el punto de partida para la definición de nosotros mismos. El rostro del otro, que está frente a mí, cara a cara, es un misterio, pero también es un fuerte llamado a la responsabilidad. No hay forma de hacer que el otro sea idéntico a nosotros, él es único y merece todo nuestro respeto.

En este sentido, todo lo que implica la migración y la presencia de hermanos migrantes, nos tiene que llevar a valorar el tema de la diferencia y de la relación intercultural.  Quedarnos con la experiencia de estupor frente a las noticias de discriminación hacia estos hermanos no es suficiente, necesitamos desarrollar y activar aún más nuestra capacidad humana de solidaridad y responsabilidad con el otro, hacerlo con la fuerte convicción que toda acción y actitud de acogida nos enriquecerá como personas, como cultura y como sociedad.  La indignación de lo que sucede en las fronteras con los hermanos migrantes, quizás sea móvil para cruzar personalmente la frontera que me aleja e impide reconocer el rostro de quienes han llegado a nuestra región.

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