EDUCACION: ROMPEOLAS DE CONFLICTOS SOCIALES

Nunca la educación ha sido un ámbito pacífico, pues representa el rompeolas de todos los conflictos sociales, afirma José Antonio Marina. El mismo autor sugiere que la educación padece una avalancha de conceptos, teorías, modelos pedagógicos… nuevos y poderosos agentes educativos, políticas educativas y prácticas institucionales hacen que los docentes tomen conciencia de que todos esos cambios no llegan finalmente a mejorar y dar calidad, amplia y real, a la educación.  En estos días a nivel regional y nacional los vemos caminar, manifestarse, exigir mejores condiciones, mínimas y dignas, para su desempeño profesional.

Si vemos en perspectiva las políticas educativas, sabemos que entre los años 2008 y 2014 se han iniciado 450 reformas totales o parciales en el mundo, la mayoría con desigual fortuna. Lo anterior porque la Reforma Educativa Global, que está basada en pruebas estandarizadas, orientación mercantilista y privatización, son aspectos incompatibles con un concepto de la educación como “bien público”. Hemos entrado en la “sociedad del aprendizaje”, que se rige por una ley sencilla e implacable: “para sobrevivir, las personas, las empresas y la sociedad necesitan aprender al menos a la misma velocidad con que cambia el entorno; y para progresar, deben hacerlo a más velocidad que el entorno”. Lo vertiginoso de los cambios impide la profundización y el logro de las metas más nobles de la educación pues ésta tiene un ritmo diferente: humano, dialógico, procesual. En todo esto los docentes son vitales ya que son ellos quienes materializan y personalizan el arte de educar.

Es urgente salir del modelo rígido de la estructuras y ver las escuelas como sistemas vivos, explorando continuamente nuevas teorías, tener en cuenta a todos los implicados en el proceso educativo, apoyar la variedad por encima de la homogeneidad, abrazar la interdependencia y el cambio, e integrar la educación dentro de las redes de relaciones sociales que unen a familias, amigos y comunidades. Se trata de hacer del ambiente escolar un lugar de aprendizaje para todos los implicados. Una escuela así marcará la diferencia en la clase, en la misma escuela y en la comunidad.

Ofrecer condiciones dignas a los docentes para que realicen su labor en forma óptima es un deber social, porque a ellos confiamos lo más valioso de nuestra sociedad. No olvidemos que ellos acogen, en una sala de clases, la síntesis de la vida que construimos desde el núcleo familiar; los docentes saben de cuánto costó llegar a fin de mes para los padres de sus estudiantes, de las experiencias de frustración, a veces de violencia física o verbal, de las noticias flash que pueden ver o escuchar en los noticieros matutinos; ellos ofrecen contención a las preguntas fundamentales que los hijos plantean.  Por eso hay que poner atención a lo que están planteando hoy los docentes y no tener miedo al conflicto, ya que si se realizan los diálogos con honestidad, pensando en mejorar el sistema educativo, se podrá llegar a un punto de encuentro que responda finalmente a la educación inclusiva, gratuita y de calidad que todo joven tiene el derecho de recibir.

Los profesores están pidiendo que la escuela pública sea atendida, que el Estado se haga cargo de las necesidades de transformación de ella. Los actuales docentes son los que tienen que cambiarla, de lo contrario acabaremos esperando una transformación milagrosa que no sucederá.

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