MES DEL MAR: BIEN COMUN

El mes de mayo, desde que tengo memoria, ha sido dedicado al mar, aquella parte de nuestra geografía que nos acompaña a todo lo largo de nuestro país.  Desde el ámbito educativo se generan diferentes actividades orientadas a educar en la conciencia de la presencia del mar en la historia y en la cultura chilena: “Combate naval de Iquique”, degustación de alimentos provenientes del mar, reflexiones sobre la importancia vital que tiene el agua para la vida en su más amplio concepto.

Cuando pequeña viví varios años a un par de cuadras del mar, recuerdo que, cuando el clima lo permitía, nuestra vida de niños era en la playa para jugar en el agua, y disfrutar en la arena todas aquellas conversaciones y aventuras propias de esa edad; al finalizar el día íbamos con mis padres a bañarnos al mar que, en la noche y extrañamente, adquiría una textura y temperatura tan suave y agradable que aún su recuerdo no es reemplazable por ninguna terapia relajante. Ahí frente al mar aprendí a dejarme cautivar por su inmensidad y el ritmo cíclico de sus olas.

No podemos olvidar que el agua, junto a la tierra y el aire, son los tres bienes comunes por excelencia ya que garantizan la vida humana y de todos los ecosistemas en el planeta. Son bienes comunes, son de todos, y por lo tanto el acceso a ellos no puede ser privatizado. ¿Se imagina usted que el aire fuera comercializado? Parece algo absurdo, pero increíblemente ya hay algunos que lo han pensado… Ahora bien, el mar, nuestro hermoso y misterioso Océano Pacífico, parte de nuestra soberanía, está allí, no sé si silenciosamente, pero ciertamente no siempre valorado justamente. 

Los océanos, en general, representan el 71% de la superficie de nuestro planeta azul, lo que influye en el hecho que en la historia la definición de los países con salida al mar se ha ido construyendo por una serie de conquistas y batallas para poder “ejercer” soberanía sobre ellos. En nuestro caso esta soberanía pasa también por la relación que establecemos con él. Hacemos uso de él a través de la obtención de alimentos, minerales, espacios para el descanso, entre otros.  Pero, como con todos los bienes comunes, cabe la pregunta sobre cómo lo estamos tratando, porque al mar y sus playas también lo hemos transformado en receptor de desperdicios, nos hemos acostumbrado a su presencia sin conectar el gran potencial de bien que tiene con nuestra vida cotidiana.  Como cualquier bien común, el mar si no es cuidado, no sobreexplotándolo ni transformándolo en un vertedero flotante, si alteramos su salubridad, alteramos el ecosistema de toda la vida en el planeta, quebrando los ciclos vitales, de la vida inconmensurable que existe en el hábitat marino primero, luego del alimento contaminado que se extrae de él para consumo humano y finalmente del ecosistema en su totalidad.

La gestión del mar y sus recursos está siendo llevado a cabo bajo la lógica del dominio, un criterio capitalista y desarrollista, que, en definitiva no capitaliza el bien común para todos en la actualidad ni para el futuro de nuestra descendencia, sino que lo usufructúa  sólo para algunos  Nuestra maravillosa y rica naturaleza no hay que dominarla, hay que vivir con ella, con la conciencia de ser parte de ella, desde una actitud armónica, respetando sus ciclos para que en ellos también sea respetado nuestro derecho a vivir en un ecosistema pacífico y sustentable para todos.

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