“Virus” en Punta Arenas

Por Jorge Abasolo

FUE DURANTE los años 1979 y 1980. Por esos años los gringos optaron por filmar una película en…territorio chileno. Se trataba de un film de ciencia ficción llamado “Virus”, que relata los avatares de una misión a la Antártica que transforma a sus miembros en los últimos sobrevivientes de la raza humana, tras una severa plaga y la consecuente guerra nuclear, que acaba con todo vestigio de vida en el planeta.

La película no pasó a mayores y conmocionó el ambiente tanto como un haitiano en Jamaica. Poco y nada.

Eso sí, no se puede negar que el elenco del film…¡era de película!

Trabajaron allí, entre otros. George Kennedy, Chuck Connors, el inolvidable Glenn Ford, Henry Silva, Robert Vauhgn (Napoleón Solo) y Olivia Hussey.

Cuando algunos de ellos llegaron a filmar a Punta Arenas, el ambiente se sacudió cual terremoto grado 8…en la escala que usted quiera.

Me relata mi amigo André Jouffe que algunos habitantes del extremo sur aún no olvidan la imagen de Chuck Connors practicando básquetbol en el gimnasio del colegio salesiano de Punta Arenas.

Se entiende, pues Chuck Connors estaba en pleno apogeo de su fama y era recordado por haber protagonizado series del Oeste para la pantalla chica, como “El Marcado”, “El hombre del rifle” y “Un cowboy en Africa”.

La trama de la cinta es atractiva y más simple que receta de ulpo: el presidente de los Estados Unidos (Glenn Ford) debe calmar al impulsivo jefe militar (Henry Silva) y buscar una solución con la ayuda de un senador que es su férreo opositor (Robert Vauhgn). Al enterarse que el virus es como los camellos, o sea, no actúa en bajas temperaturas, descubren que la única esperanza de la humanidad es la Antártida…y se comunican con ellos.

Por consiguiente, el teatro de operaciones se traslada al Polo Sur, donde se forma un consejo con los representantes de todos los países que tienen bases antárticas. Y como la cinta fue rodada en Chile, no es de extrañar ver una imagen que representa a la “Estación Frey”, según aparece escrito en la pantalla. Ese detalle pasó colado, no así a los chilenos, pues el apellido Frei es parte de la historia política de este enjuto país.

Entre los agradecimientos finales de la cinta se menciona a la Universidad de Chile y a la Armada chilena. No es para menos, ya que integrantes de la Marina chilensis debieron efectuar maniobras de rescate cuando uno de los barcos de la producción encalló en medio de los hielos de la zona austral. Un rompehielos llegó hasta ellos, rescatando a sus tripulantes y permitiendo de este modo que la cinta llegara a feliz término.

Lo divertido de todo esto es que el submarino chileno “Simpson” (arrendado para el film) se convirtiera por unas pocas horas, en parte de la Armada de la entonces vigente URSS.

¡Todo ello en tiempos en que los rusos eran de los peores enemigos del gobierno “milicoide” de la época!

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