Pensar la restauración desde los socio-ecosistemas

Jorge Felipe Soza Soza, Socioeconomista, fotógrafo, Colaborador del Centro Universitario Coyhaique, Universidad de Magallanes

Los impactos de los recientes incendios acontecidos en el sur de nuestra región tienen, sin lugar a dudas, una escala muy significativa. Esto de seguro acarreará efectos considerables en los bosques afectados y, por consiguiente, el capital natural de la Región de Aysén con implicancias en la cantidad y calidad de servicios ecosistémicos. Esta catástrofe ecológica afecta no solo a la población de colonos del sector, sino a la Patagonia en su conjunto, asumiendo la interrelación de las eco-regiones del territorio austral.

No solo árboles ancestrales de Nothofagus han sido fuertemente afectadas, sino que una variedad de flora y fauna particular de la eco-región subantártica se ve perjudicada directamente, como los animales de menor tamaño como roedores, liebres, insectos y aves como también especies emblemáticas de nuestra región, heráldicas de Chile, como el huemul y el puma. Estos últimos tal vez no se vieron directamente afectados en una disminución de especímenes de cada uno, pero sí indirectamente en las posibilidades de contar con un ambiente que entregue las condiciones necesarias para su subsistencia.

Si bien aún no existen estudios detallados de las reales consecuencias de estos siniestros en los ecosistemas australes, podemos ver por literatura que muchas de las veces estos bosques ya alterados no tendrán la misma capacidad de tolerancia a aceptar cambios ambientales, como los tenían anteriormente. En ese mismo sentido los autores Nasi, Dennis, Meijaar y Moore (2001)exponen, a modo de ejemplo, lo que se observo en Rusia, donde se registro una merma de “60 especies de plantas vasculares, 10 especies de hongos, ocho de líquenes y seis de musgo durante los dos o tres últimos decenios” .

Según relatos de recolectoras de hongos silvestres comestibles en Chile, se ha podido observar un incremento en la densidad de morillas en zonas que fueron afectadas por incendios. ¿Merece la pena perder un bosque ancestral para tener más morillas al año siguiente (y nunca más)? Si lugar a dudas que tenemos que esperar y estudiar sobre los impactos ecológicos de los hechos ocurridos durante el mes de febrero de este año el sur de la región.

Este contexto más que lamentable, nos invita a explorar nuevas formas de entender cómo opera y se practican las políticas de conservación en nuestro país o en este caso las de restauración. En este caso un área en especial que ha sido muy poco relevada por los actores involucrados, la que tiene relación con la comunidad aledaña, así como también la de la región. Poco y nada se ha hablado de los impactos económicos de los incendios, de los posibles impactos en la escala productiva de los campos de las familias campesinas vecinas del sector, de las implicancias al turismo, entre otros.

Creemos que esta es una invitación a generar investigación de forma multidisciplinar, donde se identifiquen de forma integrada las reales implicancias de estos incendios, tanto como para la flora, la fauna, la fauna y los seres humanos de manera integral. Somos partidarios de procesos de investigación, acción y participación activa de las comunidades en el desarrollo de políticas que vayan relacionadas con el bienestar de los socioecosistemas en su conjunto. Esta vez tenemos la posibilidad, no la perdamos.

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