Una apuesta osada

Por Jorge Gillies, periodista en comunicación política, académico de la Facultad de Humanidades de la UTEM

En términos comunicacionales, el viaje del Presidente Piñera a Cúcuta representa una apuesta osada, que le puede reportar grandes beneficios o severos daños de imagen.

Si el 23 de febrero marca un punto de quiebre que marque el inicio del fin del régimen de Maduro, el beneficio será innegable. 

Esto sucedería si sectores militares deciden aceptar el ingreso de ayuda internacional y fuerzan a Maduro a una negociación política con Guaidó.

Piñera adquiriría, en ese caso, la imagen de un político visionario y proyectaría un liderazgo regional.

Pero si la crisis deviene en una intervención militar encabezada por EE.UU, con ingentes pérdidas de vidas en la población civil, se impondría el paradigma de la Guerra Fría y Piñera cargaría con el lastre de ser un «peón del imperio», con las manos manchadas de sangre.

Tampoco sería favorable para el presidente la opción de que el régimen se consolide e incluso endurezca su política. En ese caso lo acusarían de haber causado más daño que beneficio a la población.

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