VERANO Y EDUCACIÓN

Mª Soledad Cifuentes C. / MG. en Educación, especialización en Educación Superior y en Organización y Gestión de Centros Educativos 

Estamos en plena época de vacaciones, tiempo para cambiar de actividad, dedicándonos a descansar, compartir con la familia y amigos, salir de la rutina del año y, quienes pueden, visitar otros lugares que ayuden a hacer la necesaria pausa en el trabajo y en la educación.  De hecho, una de las rutinas que marca los períodos de descanso es el ritmo del sistema educativo.

A mi modo de ver, eso sí, el tema educativo no tiene pausa, siendo una de las actividades inherentes a la vida humana. Me explico:

La educación es una realidad que acompaña al ser humano desde que nace hasta que fenece. Siempre se está aprendiendo algo, porque el desarrollo de la persona es constante. Quizás tenemos muy enraizado el concepto de educación como enseñanza formal, que se da en las instituciones educativas creadas y reconocidas para este fin. Desde las salas cuna, pasando por las instituciones de pre básica, básica, educación media, técnico profesional y universitaria, están estructuradas entre sí de modo tal de permitir que el ser humano vaya adquiriendo aquellos saberes que cultural y socialmente consideramos necesarios para la consolidación de una determinada sociedad. Pero la educación, como hecho, es algo más.

Ahora bien, ¿cómo es la realidad educativa humana en tiempos de vacaciones? El escenario cambia radicalmente, los hijos están en casa, ya no están en una estructura que ordena qué, cuándo y cómo aprender. Hay más vida en común y nos encontramos más tiempo juntos. Quienes hacen uso de sus vacaciones laborales también se encuentran en una situación diferente a los horarios del trabajo y, en cierta medida, son llevados a reinventar el uso del tiempo para que sea efectivamente de descanso y no seguir haciendo lo mismo. Todo este cambio, de por sí, ya está educando, hacemos cosas diferentes, aprendemos otras: a través de las conversaciones más largas y amenas, con un buen libro, en una muestra cultural, en un paseo a cualquier lugar bello de nuestra Patagonia, escuchando más a los hijos o a los padres, descubriendo cuántas cosas han cambiado en uno mismo o en los otros… Cada una de estas situaciones va afectando nuestra forma de ser y de relacionarnos, de sentirnos personas, de proyectarnos en el futuro. Y esto es ya un aprendizaje.

En general, el tiempo de vacaciones lo vivimos en familia, que más allá de ser el punto de referencia afectivo, es el espacio de orientación ética y valórica para los hijos y para los adultos. Creo que es una estupenda oportunidad para aprovechar el hecho de encontrarnos más tiempo y en espacios diferentes: casa, paseo, otro lugar que se visite, etc. para cultivar, aprender más de lo humano, de lo verdaderamente importante que está a la base de todas las otras actividades que realizamos los otros 11 meses del año. Regalémonos un tiempo para escuchar, para acariciar, para valorar a quienes caminan cada día a nuestro lado; también para proyectarnos en el futuro… quizás apreciando algunas de las maravillas de nuestra región podamos ir ordenando nuestras prioridades, aquello realmente importante para avanzar entre todos en la construcción del lugar que deseamos, que nos contenga y abrace a nosotros y a nuestras futuras generaciones.

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