Conservación Biocultural o Permacultural

Jorge Felipe Soza Soza / Socioeconomista, fotógrafo. Colaborador del Centro Universitario Coyhaique, Universidad de Magallanes

Con el equipo del SIB Aysén (Sistema integrado de Biodiversidad) durante el mes de enero tuvimos la grata experiencia de participar del curso anual que organiza la Universidad de Magallanes en colaboración con North Texas University,  instancia denominada Tracing Darwin Path (TDP). Ésta inicia con la revisión de los relatos de viaje del naturalista Ingles Charles Darwin, en ella se identifican aspectos ecológicos de isla Navarino, lo que impulsa la observación de las características biofísicas del sector y su análisis desde una perspectiva filosófica y ecológica, enfatizando en su relación dialógica. En el desarrollo del curso se realizan sistemáticamente anotaciones en un diario de campo (bitácora), las que son compartidas con los demás compañeros del curso. El tema principal, es como abordamos la conservación desde una perspectiva biocultural, socioecológica o por qué no decirlo, desde una cultura permanente (permacultura). 

Hablar de filosofía, siempre será un tema complejo de abordar y hablar de ética aun más. Es por esto que centraré el tranco de esta columna (valga la redundancia) en el texto del Filosofo norteamericano Dr. J. Baird Callicot y presentado por El Dr. Ricardo Rozzi. “ Cosmovisiones de la tierra”.

En este texto se hace una revisión a los principales aspectos de la filosofía moderna y la necesidad de repensar estas estructuras de pensamiento, para plantear una nueva ética, basada en criterios que den respuesta al contexto global actual, problemas ambientales principalmente, vale decir, sentar las bases de una ética ambiental (o biocultural).

El problema principal, a grandes rasgos, se inicia al querer pensar en la ética ambiental en base al pensamiento moderno, el cual se sostiene en dos pilares: el primero es un enfoque de bienestar humano y  el segundo de derechos humanos, con esto se logra, ciertas consideraciones sobre la importancia de perpetuar grados (o espacios) de ecosistemas prístinos, ya que, subyace la idea de que de éstos se obtiene cierta utilidad, no necesariamente económica, para las sociedades humanas, a lo que se le denomina servicios eco-sistémicos, por ejemplo agroindustria, turismo, cultura, recreación, entre otros.  No obstante, el problema recae, en que este lente ético antropocéntrico, obvia la posibilidad de dar derechos y bienestar a especies vivas no humanas, o los que podríamos llamar también “No-recursos naturales”.  

Aunque el reto tiene aun mayores consideraciones, puesto que no solo se trata de otorgar derechos de manera individual a la naturaleza, ni menos pensar en el estado de bienestar de estas. Sino mas bien pensar (y actuar) para que de una manera compleja se entienda la relación directamente dialéctica que existe entre la naturaleza y la cultura, para así diseñar espacios y políticas de conservación, ya que parafraseando a Baird Collins “ La diversidad cultural es un reflejo de la diversidad biológica y depende de ella”. Es por esto que hablamos de conservación biocultural y lo unimos con su primo hermano permacultura (o cultura permanente).

Ejemplo de esto, a nivel académico, es el trabajo que por más de 10 años se realiza en Isla Navarino en el Parque etnobotánica OMORA, o el trabajo realizado por HONGUSTO y SIB Aysén en la XI Región. En la Sociedad Civil, celebramos el ejemplo de Mingalegre en Coyhaique, Chacras altas en villa ortega y el centro Eco Familiar laguna Esmeralda en Cochrane, por nombrar algunas de las acciones concretas en relación a la conservación biocultural o permacultural.

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