El Estado también debe innovar

Ejemplos de innovación existen por doquier en Aysén. Desde la familia de pioneros que llegaron con los puesto, más una ilusión que se mantiene hasta el día de hoy, la de convertir esta tierra en su lugar para hacer su vida. Los pioneros de Aysén debieron innovar constantemente para adaptarse al clima obviamente adverso, pero con paciencia y mucho trabajo lograron aprender de él y empezar a conseguir objetivos y logros en el campo patagónico.

Mujeres y hombres llegados en el poblamiento de Aysén debieron aprender a leer el clima, comprender a convivir con la fauna y aprovechar la flora y sus propiedades. En ese ejercicio de sobrevivencia se convirtieron quizá, sin saberlo, en innovadores constantes.

Más tarde la llegada de los ganaderos, empresarios de la madera, pesca artesanal, minera, también debieron adaptarse al medio ambiente y una vez más la innovación tomó vida en estos emprendedores y organizaciones empresariales que decidieron asentarse con éxitos y fracasos en esta latitud.

A la par, el Estado siempre ha actuado como una especie de hermano mayor que colabora y entrega herramientas para que los ayseninos progresen, cosa propia e intrínseca en el ser del Estado. Así aparecen servicios de fomento, apoyo técnico y transferencia para mejorar los procesos productivos.

En el ámbito social el Estado ha acompañado a las familias de Aysén con diversas políticas de apoyo y subvención. Hasta el día de hoy, viajar en avión hasta Melinka es posible solo con la subvención del Estado, de manera particular sería prohibitivo para muchos.

Sin embargo y reconociendo que el Estado a través de sus diferentes gobiernos está presente, igual le falta innovar. Administrar las políticas gubernamentales no es cosa sencilla  y cada día se parece más a mover a un elefante en medio de la selva, lo importante es que no sea mover al mismo animal en una vidriería.

El Estado debe innovar, no son pocas las oportunidades en que las políticas que “bajan” desde el nivel central no vienen adaptadas al medio regional, ha pasado con políticas de muchos o casi todos los servicios públicos y hay que estar reparando.

Innovar en el Estado significa, entre otras cosas, crear desde lo local hacia lo global. Esto es toda una revolución para el Estado. Actualmente, y aunque a algunos les acomode y resistan la crítica, existen servicios públicos que más se parecen a un buzón que una oficina, donde se resuelven problemáticas locales y solo de interés regional.

Es aquí donde el Estado debe ser un ejemplo de innovación, un ejemplo a seguir.

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