Necesitamos un “Estado deportista”

Hacer deporte es un desafío que involucra, en primer lugar, tomar la decisión de sacrificar algunas cosas, dejar de hacer otras y dedicarse de manera amateur al deporte o asumir el desarrollo deportivo como una actividad profesional y de esa forma, “ganarse la vida”.

En ambas dimensiones, practicar deporte o hacer actividad física de manera frecuente tiene solo beneficios. En el ámbito psicológico, entre otros ejemplos, ayuda a despejar el estrés, se potencia el trabajo colaborativo, ayuda a liderar grupos humanos y un sinfín de efectos positivos. En el caso de practicar un deporte individual como correr o andar en bicicleta, entre otros buenos efectos psíquicos se cuentan autocontrol, mejora de la autoestima, satisfacción al lograr metas y mucho más.

En la dimensión física y de salud, los beneficios obviamente son tan positivos como en lo psicológico, sobre todo en cuestiones de prevención, enfermedades cardíacas, óseas o musculares; son algunos ejemplos en donde la práctica del deporte es clave y un elemento preventivo fundamental. Si una persona comienza a temprana edad a hacer deporte las posibilidades de tener una vejez más sana son altísimas.

En nuestra realidad, los adultos mayores gastan en promedio más de la mitad de sus sueldos o pensiones en remedios y visitan las farmacias frecuentemente, qué decir de los hospitales. Los reportes médicos señalan que las personas que practicaron deportes toda su vida visitan mucho menos al doctor versus una que fue sedentaria.

Si nos metemos en la dimensión económica, podemos observar sin ser expertos que Chile gasta un alto porcentaje de su presupuesto público,  en salud. Como dicen algunos, las necesidades en salud son infinitas.

Es muy probable que la senda de una mejor salud, pase por impulsar una fuerte inversión pública, desarrollar planes integrales y multisectoriales con el objetivo real de provocar y encantar a la gente para que haga deporte. El Estado debe entender que para tener menos pobres en salud, menos adultos mayores enfermos, menos jóvenes dedicados a delinquir y sobre todo, no perder a tantos talentos deportivos que quedan en el camino por falta de recursos, debe invertir de verdad en deporte.

Necesitamos un “Estado deportista” que nos convoque y apoye para hacer deporte y que no nos obligue a hacer completadas, bingos o rifas para que nuestros deportistas niños o jóvenes puedan salir a competir. Necesitamos un Estado que se ponga las zapatillas, necesitamos más campeones, más campeonas, para que se transformen en influenciadores y que sean el ejemplo de todo un país. Al final de día, el mejor remedio es prevenir haciendo deporte.

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