VIVIR LA NAVIDAD

Raúl Darío Oroño, Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación., Licenciado en Ciencias de la educación y lacomunicación social., Doctor en Filosofía de laEducación (Ph. D.)., Magister en Liderazgo ygestión integral para la transformación pedagógica.

Durante este tiempo de preparación a las fiestas de fin de año, me han llegado por las redes sociales innumerables mensajes haciendo referencia a no olvidar lo fundamental, a centrarse en lo verdadero y no vivir en la dimensión de los regalos, los preparativos de vestidos y comidas; como pidiendo no olvidar “algo” que parece estar “pasado de moda”.

Cuando llega esta fecha todos nos revolucionamos buscando regalos para hacer, ¿con qué sentido? Vamos corriendo buscando lo que deseamos darle a otra persona, nos apretamos en los negocios para elegir lo que deseamos comprar. Creo que no hay nada de nocivo en regalar, es algo noble y hermoso: pensar en otra persona y dedicarle algo de nosotros. Lo complicado es que muchas veces solamente nos quedamos en lo exterior, olvidamos lo esencial y nos vaciamos al final de la jornada.

Recibí, en estos mensajes algo que decía así: dedicar un espacio a lo importante y retirarse a un lugar en donde puedas tener silencio para meditar, pensar o rezar. Y me hizo sentido lo que leí.

En medio del ruido, de la contaminación auditiva y visual, buscar un espacio para meditar o rezar sería recordar y volver a la ocasión por la cual realizamos los regalos.

El mayor regalo por el cual celebramos la Navidad, es que Dios se brindó sin esperar algo a cambio, se donó haciéndose humanidad, dejó su divinidad para caminar nuestra vida, eligió nacer en la pobreza, con los pobres y en medio de su vida, siendo un migrante, buscando un lugar para pasar la noche, sumergido en la ignorancia total de la historia. Este es el motivo de los regalos y los festejos, ¿por qué entonces agotarnos en buscar regalos novedosos, costosos o deslumbrantes si el motivo es algo tan simple y humilde como un beso, un abrazo, una sonrisa o una comida con más tiempo entre la familia, para conversar y decirnos las cosas que quizás durante el año nunca decimos?

El regalo que buscamos para la otra persona, quizás lo hacemos porque todos lo hacen, porque si no llega algo esa noche o día es como faltar a algo que no se perdonará. Me parece que si el regalo nace del corazón, del amor de una persona hacia otra, todo adquiere sentido porque se está amando y cualquier regalo ya es una presencia amorosa  de una persona hacia otro ser humano. Aprender a regalar y aprender a recibir los regalos es algo que deberíamos aprender todos los seres humanos a lo largo de la vida.

Junto a esto el hecho de saber hacer silencio interior para escuchar lo que vivimos, lo que queremos y lo que significan las personas para nosotros. Mis familiares más antiguos vivían en el campo y tenían la sensibilidad de saber escuchar el silencio y en esta experiencia, tenían la capacidad de hablar lo preciso y adecuado cada día. Me parece que hoy se nos ha escapado de las manos toda esta sabiduría que nos permite adentrarnos en nosotros mismos y escucharnos para saber lo que deseamos y a los que amamos verdaderamente. Suele suceder que cuando nos callamos o hacemos silencio, los ruidos internos nos ganan el cuerpo, no llegamos a desenchufar la mente y el corazón de las complicaciones de cada día. Nos cuesta hacer silencio para escuchar y escucharnos.

El nacimiento de alguien esperado, que en esta ocasión es Dios con nosotros, puede ser el de cada uno de nosotros con un corazón nuevo, con una posibilidad de hacer desaparecer el odio y el rencor para dar paso a la paz y el amor. No es fácil, pero es una ocasión para intentarlo o volver a buscar esos ideales en cada uno de nosotros.

Entonces valdría la pena preguntarnos: ¿Qué es la navidad? ¿Qué vamos a festejar durante este tiempo? ¿Qué vamos a regalar y qué estamos dispuestos a recibir de regalo?

Que sea la vida nuestra donada hacia los demás, sobre todo a los que amamos.

Buena semana.

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