¿Para dónde van las ciudades?

Quienes llegaron antes que nosotros son testigos del explosivo crecimiento de las ciudades en nuestra región. No solo hablamos de Coyhaique, la capital regional, que por su naturaleza y composición sociopolítica, naturalmente tiene un comportamiento hacia el crecimiento.

Comunas como Cochrane, Puerto Aysén y Coyhaique están experimentando un crecimiento a toda velocidad, hablamos de aumento de habitantes y por ende de edificaciones y complejos habitacionales que están configurando los nuevos espacios urbanos.

En Coyhaique, por ejemplo, han proliferado las construcciones en parcelas, familias que deciden adquirir un terreno con característica de semi-urbano y semi-rural para construir sus casas. Alrededor de la Capital Regional empiezan a verse las lomas y los cerros llenos de casas con diferentes diseños y que empiezan a decorar el paisaje local.

Sectores como El Claro, Cerro Negro, El Verdín o La Reserva, son ejemplos vivos de la nueva tendencia de vivir en parcelas. Si antes el ideal era salir del campo para vivir en la ciudad, hoy un porcentaje importante de los nuevos vecinos de Coyhaique está optando por vivir en el “campo”.

Algunos deciden vivir fuera de la ciudad por seguridad, para arrancar de la contaminación ambiental o simplemente para poder plantar o criar una que otra “gallina feliz” y obtener huevos naturales. Muy legítimo por cierto.

Sin embargo, la cero regulación en términos de planificación urbana o regulación comunal, está empezando a generar problemas en los sectores aledaños a las ciudades.

Por ejemplo, el agua empieza a escasear, aparece el problema de la basura, la falta de líneas de electrificación, el acceso y uso de caminos intra-prediales o internos, la discusión por los derechos de agua, las servidumbres de paso, el uso de suelo, la altura de las edificaciones y un millón de etcéteras más.

El fenómeno descrito, afecta a Coyhaique y de pasada a Valle Simpson, también a Cerro Negro, Villa Jara, El Claro, El Verdín y La Reserva. Lo mismo en Puerto Aysén, donde asentamientos modernos se empezaron a configurar alrededor de la ciudad.

Cada uno es libre de elegir dónde vivir, (si es que puede) pero se requiere regulación, una planificación de desarrollo urbano y es urgente. Urge crear planos reguladores o lo que sea que le de orden a las ciudades. Así nos evitaremos romper una y mil veces el pavimento o rediseñar pasarelas y nuevas calles.

Es mejor pensar arquitectónicamente nuestra ciudad ahora. Estamos a tiempo, Coyhaique y todas nuestras ciudades se merecen un plan de desarrollo urbanístico, sustentable, con respeto al medio ambiente y que sea amigable con nuestra cultura regional.

Hagámoslo ahora, para no parchar después.

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