LEGALIZACIÓN DE LO VIOLENTO

Raúl Darío Oroño

Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación.

Licenciado en Ciencias de la educación y la comunicación social.

Doctor en Filosofía de la Educación (Ph. D.).

Magister en Liderazgo y gestión integral para la transformación pedagógica

 

Camilo Catrillanca, mapuche, joven de 24 años, padre de una niña y en espera de otro que está en el vientre de su mujer. Sabemos el final de su historia, no hace falta volver a decirlo. Lo insólito es la respuesta en todos los medios de la situación.

Nuevamente el pueblo originario Mapuche está en la mirada de todos los sectores, otra muerte más y los comentarios sobre la situación violenta vienen de todos los sectores, cada uno según sus propios intereses.

Bajo ningún aspecto podemos justificar la violencia, salvo en un extremo total del peligro de vida, que no es el caso que estamos comentando.

Los pueblos originarios tienen su cultura y sus formas de manifestarse, el paradigma o cosmovisión pertenece a una forma de concebir el mundo, la tierra, el ser humano, la familia, la relación con los demás y la dimensión de trascendencia. Esta visión es diferente a la concepción venida de Europa y con la cual muchos de nosotros nos hemos educado de manera formal, todos tenemos una manera de concebir la realidad que en muchas ocasiones choca con alguna diversidad, esto es lo que ocurre con el pueblo Mapuche.

Sumado a esto se encuentra la dimensión histórica de un pueblo que fue arrinconado en lugares impropios para ellos y se trató de exterminar como presencia étnica, como ocurrió con muchos otros pueblos originarios en otros lugares del mundo y de nuestra Latinoamérica.

La colonización u ocupación de las tierras vino con imposición del Estado y orden trascendente, la cruz de una llamada evangelización vino conjuntamente. No vamos a juzgar con nuestros conceptos actuales una realidad histórica pasada que poseía sus presupuestos, muy diferentes a los nuestros; no debemos caer en un anacronismo histórico, pero debemos resolver en la actualidad lo que nos sucede como sociedad.

Lo primero es que resolver violentamente los conflictos no nos lleva a una solución. De nada sirven las excusas de los encargados de un comando o de una organización que busca el orden social: murió un ser humano producto de unas balas y no podemos decir que fue un error.

El pueblo originario pide un lugar para vivir, que sea digno y que respete su cosmovisión, que no se le imponga algo que no es compatible con su forma de pensar. Toda persona es inculturizada, es decir, vive en un contexto propio que lo hace vivir según lo que va asimilando y comprendiendo de su entorno. Los pueblos originarios tienen una forma de ver las dimensiones de la vida que son muy diferentes a los nuestros, que no significan que sean mejores ni que sean peores, son seres humanos con derechos y obligaciones propias.

En nuestro país existe una gama inmensa e intensa de pueblos originarios, esto es una riqueza enorme, que nos hace multicultural, que nos permite ensanchar nuestra mente y nuestro corazón para mirar mejor cierta dimensión de la vida con diversas perspectivas y no quedarnos solamente con una forma; es entender otro lenguaje, aprender otra forma de relacionarse con los diversos medios que tenemos, saber que no hay una sola forma de llamar cielo, tierra, Dios, varón, mujer, educación, familia, es dejarse abarcar por el otro como sujeto presente en nuestra historia y juntos vivir en concordia y comunión, sin sentir la presión de ser inferior o superior al otro, sino al lado del otro. Si entendiésemos que la otra persona es igual de digna que yo mismo, estaríamos viviendo lo original del ser humano y no contaminados con los conceptos aprendidos en una educación formal que categoriza al ser humano desde el poder y la competencia mucho más que el servir.

Hay una familia en Chile que sufre la pérdida sin sentido de un padre, esposo, hijo, hermano; que es uno más entre tantos otros, que nuevamente un miembro del pueblo Mapuche es asesinado por algo que nadie explica.

¡Cuándo será el día en que el corazón del ser humano escuche el clamor de la sangre derramada en la tierra y que pide compasión y comprensión!

No legalicemos lo violento para sacar intereses particulares y políticos para un lado o para otro.

Buena semana.

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